Bodas de oro
Los matrimonios vienen a durar una media de 15 años. Al menos es lo que dice la última estadística del INE que las televisiones no se cansaron de repetir en sus telediarios de fin de verano. En realidad la noticia era que con la crisis económica los divorcios, separaciones y nulidades habían descendido un diez por ciento porque romper el vínculo sale casi tan caro como unirlo. Y aquí no hay regalos ni sobres de sufridos familiares y amigos que amortigüen el golpe.
Todo esto lo vomitaban las radios, los interneses y las televisiones justo el día después de que nosotros celebrásemos las bodas de oro de mis padres. Cincuenta años casados. Medio siglo de amor. Toda una vida dando vida y reventando las estadísticas, las noticias veraniegas, contradiciendo al INE y pasando de las crisis. Pues eso, que el fin de semana nos juntamos toda la progenie de mis progenitores: media docena de hijos y otra media docena de nietos con los yernos y nueras correspondientes que, aunque no sean hijos de sangre, lo son porque han aportado lo suyo para que la descendencia se multiplique una generación más.
Y allí andaba nuestro capellán familiar celebrando una boda bajo las parras que pusieron juntos hace ya 25 años, la mitad de los que llevan casados. Y hubo palabras de los hijos, y de los nietos, y muchos besos y abrazos, y lágrimas en los ojos de los padres y abuelos que volvían a casarse en presencia de aquellos que les debían la vida. Y sesión de fotos con muchas risas. Después, una comida que nada tuvo que envidiar a los veinte platos que se sirvieron en la casa de la aldea asturiana donde contrajeron matrimonio un 7 de septiembre de 1960.
Cuando escuché la noticia me faltó tiempo para darles un telefonazo. “¿Habéis escuchado lo de los matrimonios? Dice la tele que sólo duran 15 años”. Y mi padre, templado como siempre, me responde a bote pronto: “Pues se pierden lo mejor”. Y me deja con la siguiente tontería en la boca mientras oigo por detrás a mi madre que pregunta “¿Ricardo, quién es?” “Tu hijo”, le responde mi padre antes de repetir la frase una y mil veces pronunciada: “Te pongo con tu madre”.
Como decía uno de mis contactos en el facebook tras leer el anuncio de la celebración familiar: “Eso tiene un reportaje en los tiempos que corren. Quererse y respetarse 50 años con sus días y sus noches. Qué grande”. Por lo pronto, ya tiene columna.
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Eso es, Eugenio, ahora nos toca a nosotros. Yo he celebrado esta semana mis cuatro años de casado. Aún muy lejos de los 50 de mis padres, pero estoy en camino. Un abrazo.
¡¡¡Felicidades!!! Ahora nos toca llegar a nosotros, Santi.