Asà es cómo se ponen los paréntesis
(Hay quien abre paréntesis en su vida para viajar, vivir en otro paÃs, acostarse con otra mujer, jugar en otro equipo de fútbol, dejarse barba and so on).
Tengo mi propia teorÃa,¿vale? Y es que hay escritores que saben emplear los paréntesis y otros que no tienen ni idea. Como yo no soy escritor, no me tengo por qué incluir en el segundo grupo, pero sà que me gustarÃa dar algunos nombres de las personas que (en mi opinión) mejor utilizan los paréntesis en las novelas. Están los tres que ya he nombrado. Vila Matas es un experto, el puto amo, la meta literatura hecha paréntesis. También está Javier MarÃas, que en sus profundas novelas, en esos oceános sin fondo que son sus libros, de vez en cuando lanza un bote salvavidas con forma de paréntesis para que flotes en ellos a través del humor. Para que te sujeten y te lleven a la orilla, para que puedas seguir leyendo sin necesidad de aguantar un ratito más la respiración. Están Eduardo Mendoza, Quim Monzó, Juan José Millás… Todos ellos son dioses de los paréntesis. No sé si los habrán llegado a utilizar (ahora no lo recuerdo) al menos fÃsicamente, pero sà que el espÃritu del paréntesis abraza varias de sus novelas.
(O quien abre el paréntesis para cambiar de trabajo, tomarse un respiro -o un café-, dejar de fumar o comprar Interviú)
Y me dejaba para el final a David Barreiro (ex colaborador de esta web, ahora su puesto lo ocupa un tal Tripp que no ha dado aún señales de vida). DecÃa que David Barreiro es la última persona a quien he visto domar con éxito los paréntesis. Su última novela (Barriga) está repleta de ellos. De incisos certeros en lo humorÃstico y lo descriptivo, en lo sentimental y lo patético, en lo enumerativo y lo poético. Los intestinos por los que circula la trama de Barriga están llenos de paréntesis (paréntesis que curiosamente suelen usar los niños para dibujar las barrigas). Paréntesis gozosos que releo ahora una vez terminado el libro. Es bueno el ejercicio. Una vez rematado el libro, merece la pena volver a pasearse por las frases que Barreiro decidió poner entre paréntesis para resaltar la conciencia crÃtica del narrador que se narra a sà mismo. Y es en relecturas como ésa cuando uno redescubre perlitas entre paréntesis.
(Una chaqueta cortada a hachazos y con cicatrices en lugar costuras). Por ejemplo.
(Las anotaciones al margen, el lÃquido que un dÃa fue la mancha seca). Un poner.
(Las copas de los árboles abanicaban el balcón). Y etcétera.
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Pues muchas gracias, Mr. Vela.