La lectura del azar
Hay un personaje fantástico en la última novela de Ricardo Piglia, ‘Blanco nocturno’ (ya en sus librerías). Se llama Sofía Belladona, una de las dos hipnóticas gemelas que pululan por el libro. Hay un momento, ya en las últimas páginas (tranquilos, aquí no hay spoiler que valga) en el que Sofía se despacha con un párrafo fantástico que hará las delicias de cualquier letraherido. Creo que lo voy a copiar tal cual, a continuación.
“Mi madre dice que leer es pensar. No es que leemos y luego pensamos, sino que pensamos algo y lo leemos en un libro que parece escrito por nosotros pero que no ha sido escrito por nosotros, sino que alguien en otro país, en otro lugar, en el pasado, lo ha escrito como un pensamiento todavía no pensado, hasta que por azar, siempre por azar, descubrimos el libro donde está claramente expresado lo que había estado, confusamente, no pensado aún por nosotros. No todos los libros, desde luego, sino ciertos libros que parecen objetos de nuestro pensamiento y nos están destinados. Un libro para cada uno de nosotros. Hace falta, para encontrarlo, una serie de acontecimientos encadenados, accidentalmente, para que la final uno vea la luz que, sin saber, está buscando”.
Supongo que por eso leemos. Para encontrar ese libro. O esos libros. Lo mejor de la lectura es que siempre hay un libro que pensamos escrito para nosotros. Única y exclusivamente para nosotros. Que cuando pensabas que lo habías encontrado en ‘Te llamaré viernes’, cuando lees ‘Trilogía de Nueva York’ te das cuenta de que no es así. Que cuando te zambulles en ‘2666’ piensas que algún día te olvidarás de Paul Auster. Que cuando pones el punto final a ‘Tu rostro mañana’ alguien te sugiere que leas a Richard Yates. En fin, siempre hay un libro. Y casi siempre alguien lo ha escrito sólo para ti.
Pero eso es tan fantástico el azar de la lectura del que habla Sofía Belladona. Por eso seguimos comprando boletos para esa ilusionante lotería de los libros. Abrir una novela es apostar por el negro o el rojo, pedir un cupón terminado en seis, sentir el pálpito nervioso de una incierta mano de póker, darle al botón inquieto y palpitante de la tragaperras. Eso es abrir un libro. Es difícil que te toque el premio gordo. Es verdad. Pero con un poco de suerte te tocará una pedrea, la terminación que dicen en mi casa, el pasaporte seguro, en fin, para comprar de nuevo boleto, echar otra la quiniela, pedir una remesa de cartas más. En fin, seguir jugando. En fin, seguir leyendo. No sea que el premio esté al otro lado de la esquina, oculto entre estas letras cosidas en un delicioso invento llamado libro.
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El comentario me parece excelente, es verdad, siempre hay un libro esperandonos, seguramente aquel que nunca encontraremos, porque encontrarlo significaria , tal vez, el fin de las lecturas. Hoy parece ser ” Blanco nocturno” y mañana….mañana el azar dirá