Selección y Memoria Histórica
El fútbol, que es el opio de este paÃs de pueblo llamado España, tiene también sus virtudes, entre otras la de conseguir que catalanes, vascos, castellano-manchegos, madrileños, etcétera, etcétera, olviden las peculiaridades de su folclore y hagan piña en favor de unos colores comunes, florezcan los abrazos tras cada gol de Villa y en el complejo mapa de las autonomÃas se palpe la ilusión compartida de levantar de una vez por todas esa Copa del Mundo que haga un apaño a los agujerados bolsillos de nuestra economÃa. Qué emocionantes las imágenes de españolitos pintados, como indios, con los colores de nuestra principal y más representativa bandera. Qué sano que señores y señoras de todas las ideologÃas y partidos compartan durante 90 minutos los mismos nervios que desembocan en la misma alegrÃa. Con eventos asà queda patente eso tantas veces dicho de que lo que nos une es mucho más de lo que nos separa, que la convivencia es posible y que mejor que mirar atrás (quién se acuerda ya del fallo de Salinas tras la victoria ante Paraguay) es creer en nuestras posibilidades de cara a un futuro cada vez más hoy. En un contexto tan admirable qué sentido tiene, digo yo, andar revolviendo el pasado a través de la pala de la Memoria Histórica. Si la Transición puso un punto y aparte a la barbarie y nos trajo el diálogo y la civilización y esta cosa llamada democracia, para qué ponernos nostálgicos y regresar a un pasado del que avergonzarnos. Porque, si nos ponemos, recordemos también aquella otra contienda que, fruto de la invasión francesa de principios del XIX, se llevó por delante a miles de compatriotas que se posicionaron de un bando, del otro o de ninguno. Y resucitemos, a su vez, aquella Inquisición eclesiástica para castigar a esos cadáveres que suman varios siglos de eternidad culpable. No niego cierta legitimidad a estos profanadores de tumbas, pero muertos inocentes los hubo y los habrá en todos lados. Y, si ni la propia familia de Lorca quiere que se busque y desentierre el cadáver del genial poeta, ¿para qué insistir? ¿Para beneficiar a los familiares de los damnificados o para propaganda del poder de turno? ¿O acaso lo que queremos es acabar con el espÃritu reconciliador de la Transición? Para recordarnos el horror de aquella contienda, y de la consiguiente dictadura, ya tenemos la literatura, los libros de Historia y pelÃculas como Tierra y Libertad, Soldados de Salamina o Las trece rosas que nos hacen lagrimear sobre las fotos de un pasado en blanco y negro que no podemos repetir. Pero para ello es necesario dejarnos de cuentas pendientes y dar el callo por sacar adelante esta España de ahora mismo tan repleta de envidias, mezquindades e insultos más dignos de un teatro de comedias que de las necesidades reales del dÃa a dÃa. En la mano de nuestros representantes está velar por el bien común. Y que no nos vengan con que no pueden llegar a un acuerdo, que miren cómo si ganamos en el fútbol se alegran todos por igual. Aunque, claro, el fútbol es otra cosa. El opio de los pueblos. Nuestro futuro como sociedad, por desgracia, depende de unos tipos que no tienen el talento de Villa y compañÃa.
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