Remaquetemos (II)
Cuando los periódicos anuncian remaquetación no puedo dejar de pensar en esos niños que dicen que se lavan la cara cuando en realidad sólo se pasan un dedo con agua por el rabillo del ojo por si hay alguna legaña. ¿Pero el resto? Ni boca ni mofletes ni frente ni barbilla. El resto no existe. Sólo los ojos. Remaquetamos anuncian los diarios con grandes campañas promocionales y creen que con cambiar el envoltorio sirve. Pero el papel celofán sólo nos llama la atención el primer día. O la primera semana. ¿Después? Hay que currarse el interior de la caja. Si no, coleguitas, mal vamos.
Remaquetamos anuncia ahora el ABC. Nuevo diseño, nuevo concepto, en fin, la matraca de siempre, pero esta vez desde el próximo viernes y en el periódico de la grapa. Ya lo hicieron otros antes. Por ejemplo, hace tres años (ya tres años!!!) El País. Remaquetamos, anunciaron. Y ya sabemos todos cómo terminó la cosa. Más de lo mismo, pero con mejor presentación. Al final es siempre lo mismo. El dedo por el rabillo del ojo.
Supongo que algún día algún empresario de prensa (!) se dará cuenta de que si el periódico quiere subsistir no puede conformarse con disfrazar letras, con ponerlas lacitos infográficos y disfrazar la mierda (o peor) la nada con nueva tipografía y fotos más potentes (pero de relleno). Si le pasamos el bisturí a la infografía, ¿por qué no lo hacemos también por el resto de las secciones? ¿De verdad hay tanta gente que lee las pajas mentales con las que El País o El Mundo abren su sección de Nacional? ¿Son necesarias tantas páginas sobre lo que Rajoy y Zapatero dijeron (o dicen que no dijeron) en el telediario del día anterior? ¿Para qué pagar a un corresponsal que vomita lo que ha leído esa misma mañana en The New York Times y que llega aquí con el bochornoso jet lag periodístico? ¿Por qué los periodistas no intentamos contar mejores historias y contarlas mejor? ¿Por qué los medios se gastan tanto en comidas y tan poco en la formación de sus periodistas o en cubrir los huecos de sus plantillas?
Si remaquetamos, hágamoslo hasta las trancas. Demos la vuelta al diario. Contemos historias y dejemos que los periodistas las cuenten. Tengamos a suficientes redactores (con ingenio, con ideas, con ganas) para que puedan traer historias propias. En tiempos de crisis, el periódico no puede quitar páginas y recortar plantillas. ¿Cómo voy a comprar un diario si me cobran más, me dan menos páginas y, como son menos personas para hacerlo, encima me dan peor información? El buen empresario periodístico (!) supongo que algún día se dará cuenta de que la fuerza de su producto está en sus periodistas. Al fin y al cabo, se trata de vender historias y para eso es necesario tener a los mejores vendedores y con una plantilla lo suficientemente amplia, formada, motivada, con ganas (y talento, o lo que sea), bien pagada y sin presiones dispuestas a dejarse la piel en lo que mejor saben hacer. Algún día, supongo, el empresario de prensa (!) se dará cuenta de que erró, de que quiso capear la crisis con recortes cuando debería haber ido en dirección contraria. Con un producto peor (más pequeño, con menos y peores historias) no se puede competir. No es que Internet le robe el papel al periódico, es que el periódico se ha dejado ganar.
Remaquetemos, dicen. Chorradas.
Lo veremos el viernes en ABC. Lo mismo de siempre, con fotos más grande y más colorín.
Pero no es eso. Sino más reportajes de Pedro Simón. Más crónicas de Pablo Ordaz y Enric González. Más historias deportivas de Arturo Posada y Eleonora Giovio. Más noticias italianas de Eusebio Val y nortecamericanas de Marc Bassets. Más sucesos de J. Sanz y Juan Cano. Más despieces de J. Asua y S. Escribano. Más entrevistas de Víctor Amela y Luis Gómez. Más pies de foto de Isabel F. Barbadillo. Más retranca de Íñigo Domínguez. Más crónicas de cine de Luis Martínez. Más Trueba. Más Belmonte. Menos lata y más calle. Menos políticos y más personas. Menos publirreportajes y más vecinos con algo que contar. Menos remaquetar de boquilla y más agua en la cara por favor. Si nos lavamos, que no sea sólo el dedo que se quita la legaña. Que ya estamos hartos de cuentos.
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Es Eleonora Giovio.
A mi ese periódico que sugieres me gusta. Pero presiento que la mayoría de la gente compra el periódico por las pajas de nacional, y por los artículos de opinión. La mayoría de la gente no lee varios periódicos, lee solo uno, para que le confirme su ideología.
Y no es que internet le robe al periódico, es que el periódico se regala. Conozco un montón de gente que antes compraba el periódico los domingos pero que ahora lo lee por internet. Si se lo das gratis, ¿cómo no va a hacerlo?
Otra cosa es de lunes a viernes. La gente no tiene tiempo para leer el periódico. Con los gratuitos va que chuta. Sólo seguirán comprando los sectarios, los que quieren ideología en vena todos los días. Bueno, y los periodistas, pero a muchos les dan los periódicos gratis.
En cuanto a vomitar lo que dice el New York Times, a lo mejor cuando deje de ser gratis la gente también empezará a interesarse por lo que traduce El país. El empresario periodístico ha devaluado su producto. (Por cierto que Enric González, me temo, también se dedica a traducir lo que dice Haaretz, al menos en los días de furia como estos. Lo que pasa es que lo hace con mucha más gracia.)