El soso de España
El que iba a ser el Mundial de España (y todavÃa puede serlo) no ha despertado hasta la fecha una euforia excesiva entre los españoles. Y a lo mejor eso es lo bueno, porque ya me dirán de qué sirvió ganar todos los partidos de la primera fase en los dos últimos mundiales, con derecho a un paseÃllo en el tercero, para palmarla bien poco después, en el caso de Alemania 2006 en octavos y sin tener si quiera la excusa de un árbitro contra el que cargar. En esta ocasión la selección empezó perdiendo y a veces el mejor camino a la victoria es una derrota que nos haga recapacitar cuando todavÃa hay tiempo para levantarse. Aunque Del Bosque, más que recapacitar, parece mantenerse fiel a sus principios, sin atreverse a dar cabida de inicio a la calidad de Cesc, adelantando la posición natural de Xavi y encargando a dos jugadores (uno de ellos, no diré cuál, pero en mi opinión rocoso en exceso pese a su popularidad) la tarea de distribución y pulmón que antaño se hacÃa Senna él solito. Pero son estrategias de entrenador. Lo que sà que no se le puede pedir a este salmantino que a saber cuántos años lleva con el mismo bigote es que de un dÃa para otro tire su filosofÃa por la borda y se convierta en un calco de Luis Aragonés. Además, si nos ponemos a comparar a estos dos entrenadores, Del Bosque es, desde luego, mucho más educado. Y más discreto. Aunque también más soso, claro. Y no sé hasta qué punto se puede motivar a unos jugadores con esa forma tan como tranquila, tÃmida, alicaÃda, triste, con la que da la impresión que ve el fútbol y la vida. No hace falta que se convierta en un sargento a lo Capello o que pegue achuchones y atosigue a Iniesta y compañÃa con besos con barba al estilo Maradona; ni siquiera que prometa desnudarse como este último si gana la final (mejor que no lo haga). Pero un poco más de chicha, de furia, de rebeldÃa, de gracia, no estarÃan mal. En su faceta de entrenador, por supuesto, pero también en ese anuncio de no sé qué estación de servicio donde se muestra en toda su soserÃa. Ninguna empresa confiarÃa en un actor tan malo para promocionar su producto, pero el fútbol es lo que vende. Y ganar dinero, ya saben, lo es todo en este mundo donde los mercados financieros se han quedado con la última palabra de nuestras supuestas democracias.
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