SoundTrack: el indie llega a Cuenca
Habrá quien me reproche que hablo por mi propio interés si digo algo para bien del festival SoundTrack que los próximos jueves y viernes se dejará sonar en Cuenca, pero esto es una columna de opinión y la opinión, ya se sabe, es subjetiva, asà que voy a contar mi parecer y no el de mi vecino, que seguro que tiene una opinión tan respetable como la mÃa, y a lo mejor más interesante, pero el que firma soy yo, alguien que, aunque ahora sea uno de los organizadores del citado festival, lleva años poniendo la oreja ante la música de los llamados grupos indie. Si en los ochenta la juventud española movió el esqueleto, y el culo, al ritmo de los Gabinete Caligari, Secretos, Toreros Muertos o Nacha Pop, bandas todas ellas que aportaron su novedad, no termino de entender por qué no cuaja en la sociedad mayoritaria actual esta nueva ola de intérpretes con la mejor música y letras del ahora que cuenta con nombres propios como Klaus and Kinsky, Iván Ferreiro, Julio de la Rosa, Señor Chinarro, Los Planetas o ese Nacho Vegas que cerrará el certamen conquense con su cancionero de tormentas con rayos de ironÃa. Aquellos Ismael Serrano y Quique González, a quienes tras sus dos primeros discos se presuponÃa herederos de los grandes Serrat, Sabina, Aute, terminaron perdiéndose en la rutina de canciones tópicas y sosas, pero el ex Manta Ray ahà sigue, ascendiendo disco a disco, con arrebatos de inspiración que, tras casi una década en solitario, le permiten seguir componiendo piezas de la talla de su reciente La gran broma final. Y haciendo, además, canciones o EP´s cada dos por tres. Porque una de las caracterÃsticas que avalan el trabajo de estos grupos es lo prolÃficos que son. Antonio Vega, por ejemplo, quizá compusiera grandes canciones, pero, ¿cuántas? Y no digamos RamoncÃn. Los músicos de hoy en dÃa, afortunadamente, ya no viven a la bartola de la SGAE, sino que se trabajan la carretera y la inspiración en el dÃa a dÃa, componiendo y cantando, para mil o cien personas, en polideportivos o garitos sin extracción de humos, en ocasiones trasnochando los fines de semana para el lunes tener que madrugar, como todos los currelas, y acudir a la oficina donde ganarse el pan. Pero ahà siguen esas radiofórmulas cediendo su espacio a los mismos hits de siempre, como ese Message in a bottle de Police, la graciosa Mi agüita amarilla o la revanchista Déjame, temas muy dignos pero tan machacados que han perdido su belleza y su lugar en este siglo XXI. En cambio, se quedan para las minorÃas, vagando por el espacio libre de la red, canciones que, con una buena promoción, llegarÃan al gran público como Es feo, El cartero, Ocho y medio, Amua, Luz de gas o casi todo el primer disco de La Bien Querida. Pero, bueno, en parte tampoco es malo que su música no suene en todas las radios, televisiones, bares y discotecas, que las cosas se saborean más cuando se ofrecen de forma escasa. Y en Cuenca, que no es una ciudad donde se oiga a este tipo de grupos muy a menudo, al menos esta semana vamos a tener la oportunidad de quitarle, por unas horas, las telarañas al aburrimiento de lo mismo de siempre. A lo mejor la gente no termina de responder y el festival no cumple las expectativas de atraer al público, pero que luego no nos vengan con que en esta ciudad no se hace nada ni por la Capitalidad ni por los jóvenes. Que oferta, y de todo tipo, tenemos. En algunos aspectos, como la música indie, quizá un tanto a cuenta gotas, pero, ya digo, asà las cosas se saborean mejor.
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