Manuel Alcántara: “El artÃculo debe equilibrar la ironÃa con un punto de comprensión del mundo”
Extracto de la entrevista publicada en SUR el 13 de enero del 2008, por J. Vicente Astorga. Puedes leer la entrevista completa aquÃ.
La disciplina del artÃculo sigue marcando la agenda de sus 80 años y un dÃa como decano de los columnistas españoles, ahora también viudo melancólico iluminado por afectos y amigos. Abre diligente la puerta, saluda pero no quita ojo al fax que engulle el envÃo mecanografiado del dÃa a los periódicos de Vocento. Son las seis de la tarde. El mar pone hilo musical a una vivienda que se mide en recuerdos y fotos por centÃmetro cuadrado. En el garaje ya no hay coche, pero sà el lujo celeste del batÃn que le regaló Pepe Legrá cuando ganó el tÃtulo mundial del peso pluma. Escribe atrincherado frente al mar en una soledad intermitente y dos viejas ‘olivetti’ son sus inofensivas ametralladoras frente al mundo. ‘Rufo’ le escolta en todo momento con celo milimétrico y no lo deja ni a sol ni a sombra, aunque la tarde tenga el mismo color del inquieto caniche gris. Hace las presentaciones: «Rufo y yo tenemos la misma edad».
El ministro Caldera debe estar muy contento con ciudadanos como usted, que trabaja mucho más allá de la edad normal de jubilación…
SÃ, sÃ, pero sobre todo tengo motivos para estar contento yo, que no me he puesto malo nunca. Durante años, con secciones diarias en ‘Ya’ o ‘Pueblo’, no he faltado nunca a la cita, aparte de que no me he tomado nunca vacaciones salvo los tres dÃas de rigor en los periódicos. Y no será porque me haya cuidado mucho. Ahora tomo ginebra, el ‘dry martini’ que tiene su peligro…Cuando yo escribÃa de boxeo en ‘Marca’ nos bebÃamos en la redacción una botella de güisqui -una cada uno-, y no me ha pasado nunca nada. Aunque me puede pasar como a aquel del chiste, que cuando caÃa desde el piso catorce le preguntaban que cómo iba eso. «Hasta ahora bien. Lo peor es cuando llegue al suelo», decÃa. Tengo la sensación de que esto de vivir se me ha pasado muy pronto. ¿Cómo es posible que yo haya llegado a cumplir 80 años! Y tengo bastante buena memoria… Me acuerdo hasta de los soldaditos de plomo de la posguerra, que no eran de plomo porque se habÃa gastado en hacer balas… Del tiempo no sabemos nada, sólo que no se para. Einstein decÃa que si usted está en un prado con una muchacha y se lo está pasando bien, una hora son tres minutos, pero cuando esté en la consulta del dentista será al revés. Eso es la relatividad. La vejez es una enfermedad mortal, no es enfermedad benigna.
La ironÃa para el artÃculo ¿y para la poesÃa…?
La poesÃa está para describir sentimientos, para conocerte a ti mismo, para alumbrar la vida, pero su objetivo no es nada jocoso. La poesÃa es indefinible. ¿Que es triste? Claro. Se canta lo que se pierde, como decÃa Machado. Usted no verá ningún poema que diga «¿Qué bien me lo pasé ayer comiendo cigalas con mis amigos!». El artÃculo debe equilibrar la ironÃa con un punto de comprensión del mundo, pero que no le falte piedad. Ahora abunda el género del predicador. En mi vida le he querido decir a la gente lo que debe hacer. A mà me molestarÃa mucho. Hay que ser más un observador que un predicador. Los moralistas te dan la tarde.
¿Recuerda su primer artÃculo sin censura previa?
No, pero sà uno sobre Melilla que no me autorizó la censura y acababan de nombrar a Fraga ministro. Con él tenÃa cierta confianza le escribà una nota y surtió efecto. Me dejaron publicarlo.
De un tiempo a esta parte vive un gran aluvión de reconocimientos.
He pasado por la vida sin hacer daño consciente a nadie. Ahora lo que pasa es que, como decÃa Baroja, estoy en la última vuelta del camino. Mis amigos de la tertulia me han regalado un búho de oro por mi cumpleaños, una preciosidad. Me conmovió mucho. A todo el mundo le gusta que le quieran. Interviene mucho lo de la edad. Ochenta años es algo respetable. La Biblia dice que no es prudente vivir más de 70, pero entonces no habÃa penicilina. Antes, la gente cascaba antes: Rubén DarÃo no llegó a los 50, Kafka murió con 44…La vejez es mala, es una crisis de la esperanza, no se pueden hacer muchas cosas. Las cosas se ven de otra manera, sÃ, más apacible, pero es peor. Yo me bañaba y pescaba en una barca en esa playa y jugaba al fútbol. Ahora hace tiempo que ni bajo. Los años son un agravio.
¿Ahuyenta la tentación del cansancio con una mirada nueva que le permita escribir cada dÃa?
Una vez, estando con César González Ruano, le preguntó a AzorÃn que qué era la vejez y el maestro, hecho una momia y con un hilo de voz, le respondió: «La falta de curiosidad». A mà no me pasa eso. Siempre estoy abierto a conocer y sobre todo a conocer gente. No hay una persona aburrida en el mundo a poco que te haga una confidencia. Lo más entretenido son las personas, el paisaje de las personas.
¿Sigue con su norma de trabajar dos horas?
SÃ, mantener la actividad es bueno. Tampoco es fácil aburrirse. Para mÃ, todo es entretenido.
¿Cómo vive que cientos de miles de personas lean a diario su artÃculo?
Yo intento hablar de la vida porque la polÃtica es sólo una parte, aunque ahora todo son declaraciones de unos polÃticos que, como gremio, resultan mediocres. Ya pasaba antes. Ortega y Gasset sostenÃa que esa mediocridad se debÃa a la ausencia de los mejores. Dan más nivel en España la medicina, la pintura, la cirugÃa… En la polÃtica te encuentras cada tarugo. En los pueblos se nota mucho. AquÃ, en el mÃo, habrá por lo menos doscientas personas que pretenden vivir de la polÃtica.
Recibirá cartas de lectores que le felicitan y también de los que le critican. ¿Tiene una respuesta tipo para los últimos?
No escribo cartas. Mi horóscopo me lo prohÃbe. Después de tener que ganarme la vida escribiendo… y sé que asà quedo muy mal con muchos. Me gusta más el contacto con la calle. Por ejemplo, en Bilbao, recuerdo que tuve una acogida inolvidable y quiero volver. Me saludan y me paran por la calle. Muchos creen que soy de allÃ. Me reconocen por la foto.
Para un agnóstico polÃtico, como usted se define, ¿escribir de polÃtica es fácil?
En mi calidad de niño de la guerra vi con ocho años en Málaga arrastrar a muertos por la calle, tiroteos y bombas y sólo pensaba: ¿qué mal se llevan estos señores mayores! Para colmo, yo tenÃa dos tÃos, dos ‘Pepes’, uno, profesor de Matemáticas que estuvo de alférez y fue condecorado, y el otro, farmacéutico, que pasó nueve años años en Burgos por masón. Ahora ser masón es como ser socio del Recreativo de Huelva. Los dos eran buenÃsimas personas. La mejorÃa colectiva debe venir de mejorÃas individuales. Yo estoy abierto a todo y creo que en el mundo hay gente buena. Todo el que se crea muy importante es un ‘chalao’ porque todo el mundo se va a morir. Las panaderÃas y los transportes públicos funcionan porque hay gente que es buena. El dÃa que cierren las tahonas habrá empeorado el mundo. Yo no creo en eso que llaman el progreso moral. Marañón creÃa en él y decÃa que era ya inconcebible una ejecución pública. Yo no estoy tan seguro de que si ahora se anunciara una ejecución de un violador no hubiera un lleno. No creo en la mejorÃa rápida de la sensibilidad.
Con el artÃculo diario, ¿también quiere usted hacer mejor el mundo?
A mà me obsesiona y me perjudica mucho para la poesÃa. Una persona con más capacidad puede con todo, pero la mÃa es muy limitada. No me quedo tranquilo hasta que tengo el tÃtulo. Me leo cinco periódicos todos los dÃas a ver si me sale un toro aseado. Importa mucho el tono conversacional, rehuir las palabras extrañas. Hay colegas que se sirven de un diccionario de sinónimos, escriben como Dios les da a entender -que es una buena manera de escribir- y después cambian palabras por su acepción más anómala. No debes utilizar una palabra que no te pertenezca. Usar palabras que obliguen a coger el diccionario es de farsantes.
Popularidad: 1%
Te puede interesar...
- Manuel Alcántara: “Leo a media docena de articulistas que me parecen de primera calidad”
- AgustÃn Rivera: “Alcántara sirve a diario un artÃculo de humor elegante”
- Manuel Alcántara recibe el premio El Torreón
- Nace la fundación Manuel Alcántara
- Manuel Alcántara recoge el premio Antonio de Nebrija
