John Cobra
Ya está claro lo que hay que hacer para sortear la crisis: crearse un personaje a lo John Cobra, colarse como sea en un programa de la tele y tocarse los huevos en público, que no tardarán en llegar las llamadas para ofrecernos un buen sueldo a cambio de que volvamos a hacer el payaso en el plató del espectáculo basura a la búsqueda de la máxima audiencia.
Para qué tratar de ser profesionales en lo nuestro, intentar movernos con sentido común, utilizando la creatividad o el ingenio en busca de la calidad literaria, periodÃstica, polÃtica, empresarial, peluquera o de cualquier otro tipo, si vale con crearse un perfil alocado en Facebook y llevarlo a la práctica con todas sus consecuencias.
Déjense de vergüenzas, principios éticos, respeto a unos valores y todo ese tipo de boberÃas. Lo suyo es echarse de cabeza al mundo mostrando lo peor, o al menos lo más estrambótico, que llevemos dentro, fantochear sin complejos ni sentimiento de culpa, creyéndonos Dios sobre el escenario y comernos a España entera a través del televisor, curas y monarcas incluidos.
Se quejan los parados de que la cosa está muy mal, que lo de encontrar trabajo se ha puesto más complicado que dar con esa aguja en el pajar que sirve de cama a las relaciones más pasionales, que ya no salen ofertas ni para barrendero, afilador o mago, etcétera, etcétera, pero hoy en dÃa el que no se hace famoso es porque no quiere. AnÃmense, desempleados o empleados hasta el gorro de su rutina laboral, con las rodillas maltrechas de rendirse ante las ordenanzas de su jefe, y sean el jefe de sà mismos dando rienda suelta al comportamiento más cutre que nadie se haya atrevido aún a ejecutar. Para eso, no hace falta que tengan estudios, cursos, experiencia, cultura general, carné de conducir ni conocimientos de informática. Bueno, esto último sÃ, pero vale con que sepan conectarse a Facebook para subir a la red sus propios vÃdeos; cuanto más ordinariamente caseros, mejor.
Me dirán que, claro, John Cobra ha puesto el listón muy alto, y para hacerse famoso ahora ya no vale con tocarse los huevos en presencia de Anne Igartiburu, que habrá que ir mucho más lejos, pero la cutrez de la que es capaz el ser humano es inagotable. Échenle un poco de imaginación, que ya se les ocurrirá algo, como tocarse los huevos en presencia de Ana Blanco o Rouco Varela, confesar en el directo del plató que están infectados por la Gripe A y abalanzarse sobre la presentadora, comerse los mocos no sin antes ofrecerles a los espectadores o hacer amago de meterse un crucifico por el culo. Todo es posible en la televisión de hoy.
En último término está la posibilidad de, una vez en el escenario, sacarse un hacha de la manga más sangrienta y emprenderla a golpes con Mercedes Milá, Jesús Vázquez, Belén Esteban o Jorge Javier. Es probable que terminen en la cárcel, pero el vÃdeo de su actuación será el más visto de los colgados en Youtube y las televisiones les ofrecerán un dineral por hacerles una entrevista desde su celda. Y si escriben su biografÃa ya verán como no tarda en convertirse en un best-seller. Si es que el que no triunfa es porque no quiere.
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