Encuentro de columnistas: Pérez Reverte y Javier MarÃas
Entrevista publicada en El PaÃs el 21 de agosto de 2007
-¿Qué los ha hecho amigos?
Javier MarÃas.: -Digamos que es una amistad cuyo origen es infrecuente y es curioso. Fue una amistad por escrito, inicialmente. Empezó cuando yo escribÃa en El Semanal, y Arturo ya estaba allÃ. Yo escribÃa alusiones a lo que él hacÃa y nos empezamos a corresponder.
Arturo Pérez Reverte.: -Hay lectores fanáticos de aquel tipo de guiños. Aún me lo dicen. Cuatro años después, todavÃa se acuerdan.
J.: -Nos fuimos cayendo bien. Y esa simpatÃa mutua, que empezó por escrito, luego se confirmó.
A.: -Me di cuenta de que compartÃamos una serie de códigos, de mitos, de referencias.
J.: -Y nos fuimos dando cuenta de que compartÃamos muchas cosas, de la vida, de la infancia, y de que lo que a él le parecÃan zarandajas a mà también me lo parecÃan. Me imaginaba qué hubiera sido nuestra relación de chicos y me parece que hubiéramos estado bien en el patio del colegio. A veces pienso eso: con este me hubiera llevado fatal, con este hubiera jugado a indios y vaqueros. Y con Arturo hubiera jugado encantado, seguro.
-¿Qué hubiera sido Arturo de chico, Javier?
J.: -HabrÃa sido amigo mÃo. Cada uno hubiera ido por su lado, porque yo era muy independiente en el colegio, iba a mi aire, y me llevaba muy bien con los más brutos, los que habÃa en gimnasia. Y con los afeminados me llevaba también muy bien
A.: -Nosotros éramos niños de honor. Una cosa que me gusta de Javier es que no miente. Lo ves en sus artÃculos. Es un escritor de ficción, pero no miente.
J.: -No sé si pasa en Argentina tanto como aquÃ, aquà escriben muchos autores de ficción en la prensa; si leo sus artÃculos y me parecen idiotas, suelo imaginar que sus novelas también serán idiotas.
A.: -Leà un artÃculo de Javier, antes de conocerle. “Este tÃo es un tipo valiente, es de los nuestros, de los que no ceden su casilla ni su lanza”. Me di cuenta de que era valiente, en el sentido moral, del orgullo y de la decencia. Lo elegÃ, los amigos dicen que te eligen ellos. Pero no, yo lo elegÃ, él me eligió. El mayor elogio que me hicieron nunca me lo hizo el periodista Alfonso Rojo: “Arturo es un compañero que yo elegirÃa para el bote del Titanic “. Ojalá fuera mi epitafio. Javier también podrÃa estar en ese bote, con Alfonso.
J.: -Yo percibà una cosa parecida. Es un tipo con el que me podrÃa pegar un dÃa, entre comillas, me dije; serÃa una pelea limpia. Jamás le darÃa una puñalada trapera, nunca te traicionarÃa.
A.: -Yo sé que en el Titanic no hubiéramos ido en el mismo bote. …l le habrÃa cedido el chaleco a una dama, y yo me imagino que yo le hubiera dado de hostias al que se quisiera colar delante de las mujeres o de los niños.
J.: -Eso no se sabe nunca.
A.: -Bah, es igual. Somos novelistas, nos imaginamos sentados jugando una mano de póker y diciendo “Qué pereza pelearse por un bote con toda la gente, qué pereza sobrevivir con lo bonito que es estar aquà fumándote un cigarrillo y jugando a las cartas”.
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