Manuel Rivas, ‘Un espÃa en el reino de Galicia’
‘Un espÃa en el reino de Galicia’, Manuel Rivas
Debate, 2005, 310 páginas
La solapa
¿Por qué los gallegos aman las curvas? ¿Qué hacen en mitad de la escalera? ¿Por qué adoran al Santo Octopus? He aquà una etnografÃa irónica, una subversión de los tópicos. Después de Galicia, Galicia, Manuel Rivas ofrece en este libro un ejemplo de periodismo que reivindica el humor, y que con mucha ironÃa y una pizca de saudade apuesta por la rebelión contra el «estado de excepción mental», el dominio del partido conformista y el imperio de lo absurdo. Un libro en el que Galicia se concibe como célula madre, como matria y como lugar de encuentro continental y trasatlántico.
Lo que han dicho
Manuel Rivas desnuda las paradojas más ricas de Galicia
Los tópicos muchas veces esconden verdades absolutas. Incluso en Galicia, ese lugar donde impera el relativismo y en el que, como asegura Manuel Rivas, “el papa Ratzinger se perderÃa con esos discursos tan dogmáticos y acabarÃa convertido al budismo”. Será cosa de la magia, también, o de esos secretos que esconden las paradojas más sugerentes y ricas de una región a la que el escritor vuelve a desnudar en Un espÃa en el reino de Galicia (Aguilar).
No se cansa de hurgar en el alma de sus gentes, de preguntar y preguntarse por todos esos eternos misterios sin resolver. Al final no va a llegar a conclusiones inamovibles sobre la esencia de su tierra, ni falta que le hace, porque si asà ocurriera, la mayorÃa no serÃan ciertas. Y es que, para Manuel Rivas (A Coruña, 1957), Galicia se explica a las mil maravillas con sus contradicciones, a lomos de sus paradojas, cortando un taco de verdad de frente y otro por el reverso, y para eso no hay un caldo más rico, ni una queimada mejor cocida que la de la ironÃa. “Más cuando vivimos en un régimen malhumorado, como este de Fraga, en el que el arma que nos ayuda a sobrevivir es ésa, la ironÃa”, afirma Manuel Rivas.
Se ha vestido de extraterrestre para explicar ese planeta fascinante, donde viven 2,8 millones de habitantes y otros dos millones emigraron en el siglo XX: “Galicia está y no está en Galicia”, escribe Rivas. Es una de esas paradojas que le sirven para desmontar y darle un revolcón a algunas verdades establecidas: “Como la que dice que se trata de un pueblo provinciano y encerrado en sà mismo, cuando lo cierto es también que, junto a eso, que es lo que representa Fraga a las mil maravillas, existe una Galicia cosmopolita”.
Es una conclusión que llega de otra lucha contradictoria, otra ecuación de verdades a medias, resuelta por Rivas asÃ: “Nuestro paisaje mental es remoto, basado en una cierta realidad. Seguimos discutiendo sobre el tren, que aquà llega todavÃa con retraso, pero yo, en cambio, creo que Galicia está bien situada. Geográficamente es un lugar ideal que nos sirve de embarcadero cosmopolita”. Un embarcadero con muchos atraques: “En un muelle está nuestra vinculación con Portugal y toda la cultura lusófona; en otro, América: los gallegos siempre miramos hacia allÃ; en otro la Europa del Norte, los celtas y todo ese cosmopolitismo que nos llega de nuestra cultura marÃtima, que es la más importante”.
La ‘almeira’
Leen el futuro mirando al mar y esa forma de observar el mundo contiene mensajes llenos de esperanza y temores sepultados en los naufragios de sus costas. “Hay lugares en los fondos submarinos que nos explican muchas cosas. Existen unas grutas a las que no se debe acceder, que los marineros llaman a marca do medo, donde no entra nadie, y otros, como la almeira, el lugar de las almas, donde los peces crÃan, que es donde debemos dirigirnos los gallegos en el futuro”.
Un porvenir que llegará después de las elecciones, donde la región se juega seguir a un lÃder que constituye un vestigio del pasado o inclinarse por el cambio, que siempre será relativo: “Fraga es una prolongación del franquismo, que pasará a la historia por ser el único polÃtico que es capaz de inaugurar accidentes naturales y poner placas en las cascadas”, afirma. El caso es frenar la decadencia de una región que sigue perdiendo a sus jóvenes. “Se marchan los más inquietos, los más rebeldes. En 2003 se fueron 65.000. Eso es perder la savia nueva y marchitarse”.
Al salir se llevan con ellos morrinha y saudade junto al sonido y el sabor de algunos de sus sÃmbolos más pertinaces, que le sirven a Rivas para describir las imbatibles maravillas de su reino poblado de magia, que existe y se practica, verdaderamente, como un gran instrumento de la imaginación. Entre esos sÃmbolos hay tres que le fascinan: “La gaita, que parece un instrumento de otro planeta, con un depósito parecido a la ubre de una vaca, otro tótem gallego, y que expulsa la música del aire y que es capaz de llevarte de la melancolÃa a la euforia. La vieira, que le ha servido hasta de logo a una petrolera. O el pulpo, que es el auténtico gallego invertebrado”.
Jesús Ruiz Matilla, El PaÃs, 12 de mayo de 2005
Popularidad: 1%
Te puede interesar...
