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Ironía

Escrito por gorkadiez el 17 Febrero 2010 – 07:26Sin comentarios

Qué reconfortante es encontrar, en estos tiempos de crisis, escritores de esos que utilizan por bandera la ironía, ese recurso que, cuanto más inteligente, más difícil resulta de captar pero, al mismo tiempo, más reconforta, volviéndose capaz de hacer reflexionar a las estatuas y de dar la vuelta a las ideas supuestamente inquebrantables de quienes lo saben todo.

Entre mis héroes de la ironía tengo en un pedestal a David Trueba, a quien sigo desde que en torno a 1994 dirigiera, junto al Gran Wyoming, El peor programa de la semana, aquel divertidísimo espacio televisivo donde participaban gentes ahora consagradas como Santiago Segura o Pablo Carbonell pero que el Gobierno de Felipe González no tardó en retirar de la parilla, en parte porque no debíamos ser más de un millón los españoles que lo veíamos (para formar piña hay que ser por lo menos 4.000, como los parados) y en parte porque los socialistas de entonces (a saber los de ahora) no estaban dispuestos a que se pasara por la tele una entrevista al republicano Quim Monzó. Desde principios de enero, el autor de las grandes novelas Cuatro amigos y Saber perder ha empezado a escribir de lunes a viernes una columna en El País, así que ya tengo una genial excusa para comprarme el periódico impreso cada día (me gusta internet, pero soy incapaz de leer me un artículo de más de dos párrafos en la pantalla del ordenador; o si lo hago es sin gusto), y gozar con esos análisis de la actualidad que el también director de cine (español, claro que sí) acostumbra a confeccionar con la ironía mejor cosida que sabe cómo restarle importancia a la estúpida trascendencia que a menudo le otorgamos a las cosas.

Y, cómo no, no me puedo olvidar de Woody Allen, de quien me viene a la cabeza aquel graciosísimo acertijo tan desprovisto de prejuicios y religiones “¿Qué es una cosa negra y blanca, negra y blanca, negra y blanca, negra y blanca?”, se preguntaba. Y la respuesta, si no la han escuchado ya, a mí me parece la mar de divertida: “Una monja rodando por las escaleras”. Supongo que habrá que gente que se sienta herida en sus creencias, pero de qué sirve creer en algo si luego no se cree en el humor.

A estos últimos les recomiendo que se abran un poco a la mirada revolucionaria de los seres irónicos que pueblan el mundo de las artes y no dejen de leer ni una columna de Trueba ni, por supuesto, de ver el último filme de Woody Allen, Si la cosa funciona, donde el neoyorquino no ya es que niegue la existencia de Dios, sino que asegura que el creador de todo esto (supongo que también de la ironía) es gay. Y que conste que lo hace con argumentos: evidentemente, son unos argumentos irónicos, pero las carcajadas que genera en los cines no se deben a más Dios que al de la risa.

Entre mis últimos descubrimientos, no puedo dejar de recomendar algunos aforismos de Stevenson (sí, el de La isla del tesoro) que ponen patas arribas ciertas convenciones. “Si es cierto que la juventud no siempre acierta en sus opiniones, hay también una alta probabilidad de que la vejez no ande mucho más acertada en las suyas”, escribió en una ocasión, toda una reivindicación del escepticismo y una humilde aceptación de las limitaciones del ser humano, de que a fin de cuentas no somos más que polvo volando al viento de un cielo sin estrellas o de estrellas fugaces que hace tiempo que dejaron de cumplirnos los deseos.

A modo de colofón, anoto otra frase de Stevenson que me parece la mejor manera de unir los intereses de los jóvenes y de los ancianos, de los religiosos y de los ateos, de los abstemios y de los pecadores, de los tontos y de los más tontos todavía, en beneficio de esa felicidad a la que todos aspiramos aunque algunos no solo no lo reconozcan, sino que tomen el rumbo del sendero contrario a sus propios deseos y se castiguen caminando descalzos por procesiones de cardos o viendo el canel de Intereconomía: “Viejos y jóvenes, todos, estamos en nuestra última travesía. Si hay un poco de tabaco entre la tripulación, ¡por amor de Dios, que pase una ronda y fumemos una pipa antes de partir!”. Y que viva la vida mientras tanto.

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