Eviten el suicidio
La cifra es escalofriante: 3.300 suicidios al año en España.
Me ha dado por buscarlo después de que se cruzaran en mi camino dos historias sobre la cobarde decisión de quitarse de en medio. En las noches de insomnio y biberón he leído al japonés Haruki Murakami y su novela de personajes solitarios, desadaptados y trufada de falsos mitos sobre la muerte autoinfligida. En una vorágine de sexo despersonalizado una de las protagonistas decide acabar con su existencia después de que lo hicieran su novio y su hermana. Pues bien, estaba yo en estas, tratando de digerir el contenido de “Tokio Blues” cuando, aprovechando la noche en blanco que me brindaba mi hija, pongo la radio de la cocina para fumarme un cigarro al tiempo que dan las señales horarias y comienza el boletín de las cinco de la mañana: “Dos nuevos suicidios se suman a la larga lista de trabajadores de France Telecom que los sindicatos vienen denunciando”. La noticia me cayó como un jarro de agua fría. Subí el volumen con cuidado de no despertar a la pequeña María y agucé el oído como un perro de caza: “Son ya 35 los trabajadores de la compañía francesa que se han suicidado a lo largo del último año. El presidente de la que fuera compañía estatal de comunicación del país galo ha decidido adelantar su marcha y dejar su cargo”.
Por lo visto los 35 trabajadores estaban sufriendo una exagerada tensión laboral por la reestructuración de la empresa que había dejado de ser estatal para pasar a manos privadas.
…
Y claro, ahora que RTVE está sufriendo una de sus mayores crisis laborales; en estos momentos convulsos en que los trabajadores nos reunimos en asambleas sin contar con unos sindicatos apesebrados; cuando las caceroladas se repiten cada semana y los guardias de seguridad se multiplican para controlar el descontento laboral; en puertas de una huelga anunciada para el 3 de marzo que no saldrá en ningún medio de comunicación, a uno le da por pensar en France Telecom. Y recuerdo los pasajes más escabrosos de Murakami y me entran escalofríos al pensar en algunos compañeros absolutamente agobiados con la crisis económica, con la situación de la empresa estatal de comunicación que Mediapro, el Gobierno de ZP y unos cuantos bandidos se están encargando de saquear ante el silencio de sindicatos, oposición y el resto de medios de comunicación que se reparten el pastel publicitario.
…
Sólo espero que el efecto Werther de la novela de Goethe, ése por el que no se debe informar excesivamente del suicidio debido a que provoca un efecto inmediato de imitación, no se contagie de France Telecom a nuestra televisión. Porque en caso contrario alguien tendrá que cargar con la responsabilidad. Señores del Consejo de RTVE, señor Oliart, señor ZP: eviten el suicidio.
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Minuto 5.30
http://www.vimeo.com/12479206
El Nueva Economía Forum invita a comer en el Ritz a periodistas, empresarios y políticos con la excusa de asistir a una charla y a un simulacro de “coloquio” con el ponente. En esta ocasión, acudía Gerardo Díaz Ferrán (CEOE) como presentador de Jürgen Thumann (presidente de Business Europe). Sin embargo, cuando una bloguera intenta saltarse la censura que supone entregar las preguntas por escrito e intenta formular una pregunta directamente a Díaz Ferrán, es expulsada del Hotel de 5 estrellas. Mientras, los asistentes se disponen a brindar con cava por la nueva reforma laboral y el recorte de derechos que supone.
Ni soy ni pretendo ser juez. Supongo que cada caso de suicidio es diferente y que dependiendo de las circunstancias la responsabilidad pesará más sobre el autor material (el suicida) o sobre los que movieron a éste a tomar esa decisión a la que yo he adjetivado como “cobarde”. Y sigo creyendo que el adjetivo es adecuado. Estoy convencido de que quitarse la vida para huir de los problemas no es la solución. Según mi modo de ver es lo más egoísta (el suicida no piensa en los que le rodean)y cobarde (es huir de la realidad sin afrontarla).
En cuanto al que esto escribe, ten por seguro que es de lo más vulgar.
Veamos. Suicidarse es una “cobarde” decisión; pero al mismo tiempo, alguien tiene que responsabilizarse, además del suicida. ¿En qué quedamos? ¿Todos son culpables? ¿Aquí el único bueno es el que escribe?