David Gistau, ‘La España de ZP’
‘La España de ZP’, David Gistau
Libros Libres, 2005, 15 euros
La solapa
Entre Homero y Homer Simpson. Entre Bush y Jessica Rabbit. Todo vale para dibujar con pincel afilado y lleno de sátira este mundo nuestro de los últimos años. Ibarretxe, Aznar, De Niro o Eastwood se abren paso en una historia articulada que compone un mural de fondo: La España de Zetapé. «Es mordaz y desgarrado. El lector de buen gusto literario disfrutará al leer este libro que deslumbra entre tanto fogonazo y tanto esplendor» (Luis MarÃa Anson).
Lo que han dicho
“Me niego a ser el ariete genracional de la derecha”
David Gistau reúne parte de sus artÃculos en ‘La España de ZP’, donde intenta descifrar las claves sociales a pie de calle
David Gistau aterrizó en el columnismo casi por casualidad, cuando alguien se fijó en sus crónicas para una revista de viajes y vio en él madera para el oficio. Su trayectoria, breve por su juventud -apenas 35 años- pero intensa por el toque afilado de su pluma, que le ha hecho ganar tantos adeptos como detractores, puede seguirse ahora a través de las páginas de La España de Zetapé (LibrosLibres), una recopilación de artÃculos escritos desde sus inicios en La Razón hasta su llegada a El Mundo.
Desde hace unos meses, Gistau desgrana sus opiniones en las páginas de este periódico, donde intenta descifrar las claves cotidianas de la sociedad española. Mordaz y provocador en sus artÃculos, en los que se muestra especialmente crÃtico con la actual polÃtica socialista, el columnista adopta en persona una actitud modesta.
Reconozco que en mà muchas veces funciona la audacia del ignorante y que muchas veces lo que me conduce es mi propia duda ante los acontecimientos. Opino a partir de una cultura media y lo que me consuela es saber que la mÃa no es una vedad absoluta, sino una perspectiva dentro de todas las perspectivas posibles”, señala, y considera que precisamente sus señas de identidad están en “un estilo poco culto en el buen sentido de la palabra y en un lenguaje moderno en el que cualquiera de mi generación puede reconocerse”.
Consciente del privilegio que supone tener una columna desde la que expresar sus iras y cabreos, perplejo ante las reacciones dispares que provocan sus artÃculos, Gistau siente la necesidad de posicionarse: “La gente de izquierdas me odia porque me considera un facha y los de la derechas por mis crÃticas a la Iglesia, peor yo no me siento ubicado polÃticamente, no estoy cerca de ningún partido y me niego a ser el ariete generacional de la derecha”.
El columnista se remite a los artÃculos recogidos en el libro, donde las crÃticas a Zapatero conviven con su postura contraria a la Guerra de Irak y su malestar ante el último Aznar. “El personaje de los delirios imperiales y los ataques de magalomanÃa se acabó cargando al hombre de clase media que hizo una magnÃfica gestión en su primera etapa”, señala, y no duda en reconocer que José Luis RodrÃguez Zapatero se ha ido curtiendo.
“Me ha sorprendido descubrir en él cierta maldad, que le permite moverse bien en las intrigas polÃticas, lo cual destruye al personaje de Bambi”, sostiene. “En lo social”, afirma, “yo me encuentor muy cómodo en la España de Zapatero. Comulgo con su laicismo y me parecen bien leyes como la de los matrimonios gays, pero lo que me inquieta, lo que me preocupa es cómo se está manejando el asunto de los nacionalismos, los falsos regÃmenes que se están creando. No sé si ZP es el personaje adecuado para lidiar ese toro”.
Hay mucha polÃtica en las columnas de Gistau, aunque él aclara que lo que de verdad le gusta es captar el pulso de la calle, constatar lo lejos que están las preocupaciones del hombre que se encuentra cada mañana en el café de las que expresan los periódicos. “A mà lo que de verdad me gusta es contar historias, escribir novelas”, señala, haciendo suya la idea de Tom Wolfe de que los escritores consideran el periodismo como un mote en el que hace noche hasta llegar a la novela.
Sin embargo, y pese a haber dado ya el paso (es autor de una primera novela, A que no hay huevos), Gistau reconoce el valor de la columna como género literario, considera que en ella está la supervivencia de los periódicos, “ahora que la información llega por cauces tan rápidos” y reconoce la influencia que han ejercido sobre él articulistas como Julio Camba, César González Ruano y, por supuesto, Francisco Umbral. “De toda la gente que está escribiendo, hoy es el único al que se seugira leyendo dentro de cien años”, concluye.
El Mundo, 6 de junio de 2005
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