Antonio Burgos, ‘ArtÃculos de lujo: Sevilla en cien recuadros’
‘ArtÃculos de lujo: Sevilla en cien recuadros’, Antonio Burgos
La esfera de los libros, 2003, 222 páginas
La solapa
Poder contemplar el mundo a través del tiempo, de la memoria, de los personajes, de la nostalgia, de los ritos, de las campanas, de los olores, de la luz de una ciudad tomada como medida del universo, es indudablemente un lujo. Un lujo literario que algunas veces se puede uno permitir entre la urgente escritura de los papeles diarios.
Afortunadamente he podido a lo largo de los años darme ese lujazo de escribir sobre mi ciudad como una manera de contemplación del tiempo y del espacio, aplicando los principios de la geografÃa literaria de Fernando Villalón: “El mundo se divide en dos grandes partes, Sevilla y Cádiz”.
En este libro que nuevamente ve la luz de la tierra en que nació van reunidos mis cien “recuadros” más queridos y clásicos, como memoriales de un mundo quizá de ficción literaria, al que me permità el lujo (o tuve la osadÃa) de ponerle por nombre Sevilla.
Lo que han dicho
Antonio Burgos lo atribuye a El Pali:
-Si Jesucristo, que es el Gran Poder, llega a nacer en Sevilla, aquà no lo crucifican.
Lo hace en uno de los ArtÃculos de lujo que acaba de publicar La Esfera de los Libros. Son cien recuadros de Sevilla para enseñarnos a todos los andaluces lo que es amar a una ciudad, a la ciudad de uno. Y eso que, por lo menos, Antonio Burgos ama a dos sobre todas las cosas, la de él y la nuestra, o sea, Cádiz. Pero ya también nosotros amamos a la suya casi tanto como él ama a la nuestra después de leer sus ArtÃculos de lujo, porque su Sevilla en cien recuadros son los 100 posibles cánones del amor.
Ahora que están de moda los libros de autoayuda y de jardinerÃa, llega nuestro Hijo Adoptivo y se saca de la manga del corazón el formulario para amar. Por ejemplo al recuerdo caliente de la madre (“HabÃa en Sevilla una sabia y prudente mujer…n”) en la memoria de la ciudad; a un emblema como La Giralda (“bella muchacha en flor de bronce del corral de los Olmos… “); a los magnolios y jacarandas, a la mermelada de naranjas amargas del patio del Alcázar, que pidió su Graciosa Majestad la reina de los ingleses; a las blancas acacias, a El Pali, don Ramón Carande, Juan Belmonte, Manuel Halcón…a Y a toda una geografÃa humana, fÃsica y de sensaciones casi inmateriales que la extraordinaria calidad literaria de Antonio Burgos hace vibrar con la respiración de la belleza y de la vida.
Más caleidoscopio que friso, más taracea de maderas nobles que cañamazo, este montón de palabras, este lujo, lo es de la mejor literatura que se ha incrustado en un diario, en este caso en el ABC de Sevilla durante los años en el que nuestro Hijo Adoptivo escribió allÃ. Valgan algunas muestras: “Ha muerto el último andaluz que le guardó luto a su caballo. Se llamaba Manuel Halcón.” También: “En la plaza están alzando los palos para ese navÃo de velas blancas que habrá de navegar entre juncias y romero, y Sevilla amanece con esa luz”.
Estas cien palabras de amor a Sevilla de Antonio Burgos, imagen incompleta más que de un amor de una forma de amar, son toda una pedagogÃa efectiva de la pertenencia a un esencia hecha de imágenes, recuerdos y vidas. Sevilla tiene un color especial porque alguien dijo que tenÃa un color especial. Es la herencia divina del nombrar, que las cosas son por como son nombradas. Desde el Génesis.
Desde esta otra parte del mundo en que dividió el mundo Fernando Villalón, deberÃamos construir el lujo de lo que nos parece inmortal, lo que queremos que nunca muera. Ya no es la ciudad trimilenaria, es toda esta provincia bendita, sus más de 100 kilómetros de litoral, su sierra, sus pueblos blancos y sus ciudades llenas de historia…a Que debemos reflejar con las palabras de lujo con las que Antonio Burgos nos ha enseñado cómo se ama…
Enrique Montiel
Popularidad: 1%
Te puede interesar...
