Natividad Abril Vargas ‘Periodismo de opinión’ (2009)
ABRIL VARGAS, Natividad. Periodismo de opinión, Síntesis, 1999.
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IntroducciónEl artículo periodístico se puede considerar en sí mismo un hecho cultural. Sus autores trabajan sobre ideas y deducen consecuencias sociales, filosóficas, culturales o políticas. Destacan entre las características del artículo periodístico su versatilidad y su hibridación de estilos y géneros. Y que, salvo en los textos de análisis de la noticia –el editorial, el comentario y alguna columna- , no es esclavo de los “hechos de actualidad”.
No sólo resulta comodín adecuado para el tratamiento de las más variopintas temáticas o cuestiones, sino que, estilísticamente, combina el estilo de solicitación de opinión con el ameno. Además, en cuanto a su técnica o estructura interna, las únicas normas que le son aplicables son las cuatro reglas de la retórica: invención (sacar temas del mundo, de la vida), disposición (ordenar el material y estructural el trabajo), elocución (expresión escrita de las ideas), y retoque (matizar, suprimir, puntuar…). Quizás, por este carácter tan abierto, se ha afirmado tantas veces que hay tantas clases de artículos como articulistas.
Entre los ingredientes que no deben faltar en un artículo de opinión, González Ruano ha mencionado “una discreta aplicación de elementos de cultura, una participación nada pequeña de valores que pertenecen a la invención poética y cierto gusto por las formas melancólicas”. Son requisitos que, entiende, responden bien al interés periodístico y perfectamente compatibles con la amenidad exigida por el público y con las imposiciones de un sentido realista de los hechos de actualidad.
El reconocido articulista José María de Areilza, en el acto de recibir el galardón Mariano de Cavia, en 1969, ofrecía una definición de su ideal de artículo de opinión. Definición que, por otro lado, recoge, sintetiza y matiza a la perfección las características de este género periodístico: “Síntesis de lo temporal con lo permanente, maridaje del acontecimiento con el contexto, simbiosis del pensamiento con el relato, contar la historia como noticia y hacer de la noticia historia, mezclar la cultura con la observación directa, la filosofía con el suceso, la anécdota con la categoría”.
Características
Los artículos periodísticos de colaboración publicados diariamente en la sección de opinión, no tienen periodicidad fija y los firman tanto personas invitadas para la ocasión por el periódico como otras que se pueden considerar como colaboradoras asiduas o habituales. En cualquiera de los casos, las firmas responden siempre a personas con cierto reconocimiento o responsabilidad en el ámbito público, siendo porcentualmente poco significativa la firma femenina.
Firmas
Se tiende a evaluar el prestigio de un diario por las “grandes firmas” que aparecen en sus páginas, ya que se comparte la creencia de que el éxito de un artículo residen no tanto en el tema como en la firma y el estilo de quien lo escribe. Artistas, gente de la política, la literatura, la universidad, sindicalistas, economistas o periodistas publican, de hecho, artículos periodísticos. Son, en general, todas aquellas personas, consideradas socialmente como intelectuales, en el sentido más amplio de la palabra: “Perteneciente o relativo al entendimiento. Espiritual o incorpóreo. Dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias, la literatura, etc” (Diccionario Ideológico de la Lengua de Julio Casares.
Definición
Identificamos como “artículos periodísticos”; “textos de opinión” o “artículos de opinión”, los textos escritos que responden a los nombres de comentario, columna, crítica, ensayo, artículo de costumbres, artículo retrospectivo, glosa y editorial. Artículos que podemos encontrar en las distintas secciones a lo largo y ancho del periódico: expresiones literarias y periodísticas diversas de los géneros de opinión.
Posibles orígenes Desde un punto de vista histórico, se puede considerar que este tipo de artículo recibe el nombre de columna debido probablemente a la confección que se le daba en sus orígenes en el periódico. La columna actual respondería al o que en el viejo periodismo era el artículo de un “colaborador fijo” y hoy se denominaría “columnista” a quien antes se llaman “articulista”, como señala Morán.
Hoy en día, este artículo, en algunos casos, sigue haciendo honor a su nombre, y su extensión ocupa una columna a lo largo de la página del periódico –de ahí su sentido metonímico-, aunque en otras ocasiones se inserta en forma horizontal, y ocupa varias columnas a lo ancho de la página. En los diseños actuales de los periódicos, también se acostumbra a reservar un espacio en la última página
Primeras referencias
La primera referencia a la columna aparece en la Enciclopedia del periodismo, libro en el que colaboran diversos autores y cuya primera edición data de 1953. Aunque no se la considera relevante como género para dedicarle uno de sus capítulos, se ve que la noción de columna empieza a circular entre los profesionales. De esta manera, Bartolomé Mostaza, en su artículo sobre los editoriales, menciona de pasada la columna y dice: “Al revés que el llamado columnista- que es un francotirador por su exclusiva cuenta y riesgo- no firma el comentarista sus trabajos”.
Columna versus artículo
(…) Los orígenes dudosos, en algunos de los casos, de los géneros, así como sus posteriores hibridaciones, son algunas de las posibles causas generadoras de cierta confusión terminológica cuando se las menciona. Entre los distintos estudiosos que se han referido en sus textos a la columna, en no pocas ocasiones se utiliza indistintamente los términos “columna” o “artículo”, de lo que parece desprender que el término “artículo” es utilizado en el sentido genérico por el que se ha optado en este libro. Es decir, se sobreentiende que tanto comentaristas, columnistas o editorialistas, escriben artículos y, por tanto, son genéricamente articulistas.
De esta manera, Esteban Morán habla de “columnismo” o “articulismo”. Lorenzo Gomis dice que cuando el “artículo” aparece como sección fija y el “articulista” es el titular de una firma que se publica diversas veces por semana, tenemos la “columna”. Gonzalo Martín Vivaldi compara la columna con el artículo pero la define ateniéndose a su periodicidad y ubicuidad. “La columna puede tener forma de artículo, pero un articulista más o menos habitual, no es un columnista. Lo que define la columna es la periodicidad y fijeza de su aparición en el periódico”: Pero no se dice que no sea un artículo sino que, efectivamente, algunos articulistas, no todos, son columnistas.
Estilo
Si se habla del estilo de la columna hay que nombrar dos ingredientes fundamentales: la riqueza de léxico y un cierto sentido del humor. El lenguaje de la columna es de lo más variado y permite que en un mismo texto se codeen las expresiones más barrocas con el lenguaje más sobrio; lo más culto con lo más popular, con refranes, argot o vocablos en desuso. La prosa de la columna es rica en recursos retóricos, colorista, de expresión brillante, con personalidad propia y muy creativa. En la columna lo que importa es precisamente que el autor o la autora, dé rienda suelta a su propio estilo y plantee el tema que ha elegido con toda libertad formal.
En el periodismo de opinión en general, pero de manera especial en la columna, más que el tema en sí importa la visión personal, el enfoque original que el columnista va a dar a los acontecimientos más recientes. Y para conseguirlo, existe bastante unanimidad a la hora de reconocer el uso del humor como requisito fundamental para ganarse la simpatía y la confianza de lectoras y lectores. “El éxito del columnista, dice T. Wicker, reside en presentar “una idea propia que intenta ofrecer una perspectiva diferente sobre hechos conocidos, suscitar el interés intelectual y la discusión, cambiar las actitudes y el modo de pensar. El estilo humorístico es tal vez la forma más rápida y eficaz de conseguir estos objetivos”.
En una línea similar se ha expresado también Jordi Berrio para quien el columnista nos e interesa tanto por convencer por la vía puramente racional, sino que se aprovecha de lo ridiculum para alcanzar la persuasión (…)
Estructura
Como estructura, puede servir el esquema ofrecido por Esteban Morán:
-Un arranque, que a veces consiste en una cita o en una anécdota.
-Un nudo o núcleo de la cuestión.
-Una explicación discursiva o demostración casuística.
-Una tesis muy concentrada, simple, clara, firme.
-Un desenlace que realza el nudo o vuelve al punto de arranque.
La columna, género de moda
(…) Todo articulista debe poseer gran capacidad de observación y aptitudes para comunicarse con el público, lo que el configura como escritor de buena pluma, y sus textos deben transmitir credibilidad. Las columnas, mejor dicho, las firmas de los columnistas, tienen hoy día un gran poder de influencia sobre la opinión pública –sin duda alguna, son los articulistas que más influyen-, por lo que el peso de la responsabilidad es enorme.
Ejercer como columnista es sinónimo para muchos periodistas de haber alcanzado la cima de la profesión, puesto que es en esta faceta o manifestación del periodismo donde se alcanzan mayores cotas de libertad. Junto a ello, otro aspecto nada desdeñable del columnismo es la popularidad adquirida por un buen número de estos periodistas. El columnista “con gancho”, como dice Esteban Morán, es un tesoro para la empresa que contrata sus trabajos, tanto es así que los medios se disputan su firma con uñas y dientes y son objeto de “fichajes” más o menos sensacionales. (…) Para Manuel Vázquez Montalbán el auge de esta figura conlleva del riesgo del “vedetismo y la arbitrariedad de que se convierta al columnista en un pequeño dios propietario de su columna, de su territorio expresivo”.
Coherencia editorial
Haywood Broun creía a pies juntillas que el periódico era un instrumento dedicado al servicio público, creado para combatir las injusticias y conservar las libertades de la ciudadanía. Ideales que trató de hacer realidad y llevar a la práctica mediante sus columnas en el World, alrededor de 1920.
Consideró que las opiniones reflejadas en sus artículos debían reflejar su propio criterio, por o que en muchas ocasiones difería de los puntos de vista sustentados por la sección editorial de su periódico. Los dueños del World determinaron archivar sus columnas y cuando el periódico fue vendido no le fue renovado su contrato. Con este suceso se dejaron bien claros los límites a la libertad de expresión en la empresa periodística. Si bien se reconoce la libertad del columnista a expresar sus ideas, también la del director para suprimir la columna que crea necesaria. Desde 1920 y hasta nuestros días, en todos los lugares del mundo, la historia del periodismo notorio de ‘haywood broun’. (…) La práctica profesional demuestra que, efectivamente, en la mayoría de los periódicos es posible leer columnas en las que se sostienen puntos de vista alejados, en cierta forma, de la línea editorial, pero siempre dentro de unos límites.
Esta práctica, relativamente reciente y bastante extendida en estos momentos, hay que entenderla y situarla dentro de las nuevas estrategias e intereses empresariales. En la actualidad, los periódicos incrementan su buena imagen –y también las ventas- si en sus páginas e plasma un cierto pluralismo ideológico, que será utilizado por la empresa como garante de su imparcialidad e independencia.
Pero entre la línea ideológica del periódico y la más particular del columnista, existe una cierta coincidencia previa compartiéndose cuando menos unos ciertos principios generales. La discrepancia que se pueda dar es, por tanto, una discrepancia llevadera, en la que prevalece una coincidencia en lo fundamental y se disiente en elementos de carácter más secundario. Una falta de coincidencia general entre las posiciones del medio y las del columnista se entiende que generaría desconcierto entre el público.
Tipos de columnas según Vidal Beneyto y León Gross
Los textos publicados en la sección de opinión se pueden englobar dentro de la amplia denominación de “artículo periodístico”, como se ha dicho, pero una segunda apreciación nos permite diferenciar entre dos tipos de textos según su vinculación con los hechos de actualidad, y que es aplicable a todos los textos de opinión de los periódicos.
En los artículos se presentan claramente dos niveles de textos: los “textos críticos” (políticos, de compromiso, de persuasión argumentativa) y los “textos creativos” (literarios, de persuasión ingeniosa), según la división de Vidal Beneyto y León Gross.
Los primeros, los textos “críticos”, son los textos que se acercan en el sentido más estricto al término editorialista: son textos de compromiso y en ellos se escribe acerca de algún aspecto de la más inmediata actualidad. El referente queda, en general, explícitamente expresado. En los textos “creativos”, ni el tema ni su vinculación con la actualidad son factores de primer orden, puesto que lo que se impone es la personalidad de quien firma.
En el aspecto retórico lo que distingue los textos críticos de los textos creativos es que los primeros son fundamentalmente argumentativos y los otros más bien descriptivos. Unos se explayan en la retórica, persiguen un fin persuasivo; los otros dan preferencia al aspecto narrativo y ameno del discurso, a lo que Jakobson llama la función poética del mensaje, el trabajo sobre el idioma, la prioridad dada al medio utilizado, al código. Unos y otros son trabajos periodísticos que encuentran un lugar cómodo en los espacios de “tribuna abierta” o “colaboraciones” de la sección de opinión.
Los textos críticos o de compromiso están respaldados por firmas de personas expertas en distintas materias, ya sean de orden políticos, filosófico, jurídico o sociológico que aportan su visión particular sobre un aspecto puntual de la actualidad, una opinión que el medio considera interesante para su publicación.
De los textos creativos responden, por lo general, personas con un cierto prestigio o reconocimiento en el mundo de la literatura o de la cultura; son personas que se mueven prioritariamente en los ambientes culturales.
Tipos de columnas sin clasificación temática
En los manuales de periodismo de opinión también se citan otros tres tipos de columnas, que no atienden a la clasificación temática (…):
-Al hablar de columna personal se hace hincapié en subrayar que es un género a mitad de camino entre la literatura y el periodismo y un espacio reservado a los escritores de prestigio. Martínez Albertos la describe como “guetos privilegiados del periodismo impreso definidos por los siguientes rasgos: son espacios concedidos como cheques en blanco a escritores de indudable nombradía para que escriban de lo que quieran y como quieran, con la condición de que nos e extralimiten del número de palabras previamente acordadas y de que respalden con su firma las genialidades o las tonterías que decidan en cada uno de sus artículos”.
-En el apartado de columna literaria se incluyen todas aquellas que no tienen como objetivo fundamental el comentario periódico de una faceta específica de la actualidad, tales como política, espectáculos…
-La columna de humor es un tipo de artículo que se ajusta a los requerimientos de la columna, en cuanto a su presencia asidua y espacio fijo en la página y que se vale de los recursos humorísticos para transmitir o comunicar un mensaje.
Ni lo personal es patente exclusiva de escritores, ni lo literario es estilo exclusivo de un tipo de columnas, ni el humor es recurso de tan sólo una especie de columnismo. Las tres son ingredientes necesarios, en mayor o menor medida, a la hora de condimentar la columna.
Tipos de columnas por clasificación temática
Las columnas que hoy gozan de mejor acogida en los periódicos son las de contenido político y las que tratan del seguimiento de la vida social y privada de la gente “famosa del momento”.
Se puede citar también columnas de programas de televisión, de gastronomía de deportes o de bolsa.
CaracterísticasSe ha podido observar una cierta coincidencia entre los diversos autores cuando se refieren a determinadas características de la columna, características que van a permitir fácilmente su identificación en las páginas de un periódico.
Estos rasgos definitorios señalan su extensión uniforme y ubicación fija, la asiduidad, la libertad a la hora de elegir el tema y la manera de expresarlo, el amparo de un título general que la distingue de otros trabajos de colaboración, y la importancia de la firma. Gonzalo Martín Vivaldi ya lo dijo sintéticamente: “columna es el espacio fijo que un medio de comunicación asigna a una determinada firma”: La columna recibe un tratamiento tipográfico especial. Recuadros, filetes, corondeles u otros procedimientos, ayudarán a que se destaque del resto de los contenidos de la página.
La firma
Pero junto a todas estas características comunes existe otro rasgos, de carácter más esencial, que ha sido remarcado por Fernando López Pan, y que nos remite a la “relación íntima y confiada” que se establece entre el columnista y su audiencia. La publicación regular de este artículo colabora a que columnista y audiencia se sientan de un modo espontáneo identificados entre sí. Esto daría la razón a Jiménez Losantos cuando dice que “columna es lo que se empieza a leer por la firma del autor”.
Susana González Reyna también parece referirse a este tipo de característica cuando, entre las recomendaciones generales para escribir una columna, incluye la de “producir en los lectores la imagen de una personalidad atractiva por cuanto de ella depende que la columna sea leída”. Según la autora, el columnista además de conocer el tema debe poseer “habilidad para proyectar una personalidad fuerte y atraer al público, simpatizar con él y mantener su atención”.
Uno de los aspectos que más intriga a López Pan es por qué y cómo logran los columnistas crear esa intimidad; cómo surge esa identificación entre columnista y público lector y, finalmente, cómo y por qué persuaden los columnistas. La explicación que da el autor es que el columnista a través de sus artículos, revela una manera de ser y de comportarse ante los acontecimientos y las personas, unas preferencias morales, unas determinadas intenciones, unas finalidades y defiende –implícita o explícitamente- una serie de valores. Y además, hace todo eso con una forma y un estilo propios.
El ethos
Todos estos elementos van dejando una impronta-imagen del columnista, que crea lo que la retórica clásica denominaba el ethos del orador y que López Pan ha traducido como el “talante”. De esta manera, aquellas personas cuyo “ethos” coincida con el del columnista, acaban convirtiéndose en su audiencia, una audiencia que además lo considera como autoridad.
(…) Se diferencia entre ethos nuclear y ethos formal. El ethos nuclear constituye para López Pan el centro neurálgico del ethos retórico y queda configurado por la noción aristotélica basada en la credibilidad del autor; credibilidad que se determina por la competencia o conocimientos sobre un tema, su adecuada elección y la perspectiva de enfoque.
Esta dimensión nuclear del ethos se complementa con el componente estilístico, el ethos formal, en cuanto manera y modo de relatar las cosas que revela una actitud frente a ellas y frente al mundo. (…)
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