El periodismo de opinión de Gómez Palacio
Gómez Palacio ha escrito el libro Periodismo de opinión, publicado en el año 1984 y en el que ofrece algunas definiciones sobre este género periodÃstico. Aquà puedes leer algunas de ellas:
MartÃnez Albertos y Bartolomé Mostaza
MartÃnez Albertos nos sitúa el “comentario” o “columna”. El comentario (o columna) es un artÃculo razonador, orientador, analÃtico, enjuiciativo, valorativo -según los casos- con una finalidad idéntica a la del editorial. Se diferencia básicamente en que el comentario es un artÃculo firmado y su responsabilidad se liga tan sólo al autor del trabajo.
“Lo que escribe el columnista -dice Bartolomé Mostaza- vale por lo que valga su firma: es una opinión individual que usa el periódico para expresarse. Además, no siempre la columna tiene finalidad orientadora; el columnismo se caracteriza por la variedad de contenidos: hay columnas de humo, como las hay culturales y polÃticas y financieras y deportivas y religiosas y técnicas. El editorial es siempre de trascendencia polÃtica, en el más amplio sentido de lo polÃtico (…)”
El enfoque de Gutiérrez Palacio
Puede decirse, sin embargo, que en el periódico moderno existe un desplazamiento de temas del editorial a las columnas de los comentaristas, sobre todo aquellos comentaristas que tratan de temas polÃticos en los diferentes niveles: local, nacional, internacional, educación, cultura… Esta tendencia es de clara influencia norteamericana y se introduce en el periodismo español a través de las diferentes modalidades de crónicas (…)
Al lado de estas secciones de opinión que se especializan en determinados campos de notable interés público -la polÃtica internacional, la nacional, las finanzas…- hay otras columnas de menor trascendencia social: deportes, toros, espectáculos, modas (…) En realidad puede haber columnismo -es decir, actividad editorializante realizada de modo regular por una firma constante- en relación con cualquier actividad humana que se presente con una cierta continuidad en el tiempo y sea capaz de atraer la atención de un número importante de lectores (…)
El columnista no es necesario que adopte siempre una posición ante los hechos: puede, sin más, tratar de explicarlos. (…) DirÃamos que el editorialista adopta posiciones ideológicas con vigencia actual, mientras que el comentarista emite juicios para entender el curso futuro de los hechos. Desde un punto de vista literario, el columnista tiene mayor margen para expresarse sin la ampulosidad y nobleza del editorial, utilizando giros y expresiones de tipo coloquial o incluso desgarradas, pero siempre en un tono decoroso.
TIPOS DE COLUMNA
Columna editorial firmada
Aquà encontramos lo que parece, por su forma, un editorial, pero que palpita con el elemento personal, pues expresa las opiniones e ideas que sostiene a la sazón el propio columnista. Estos párrafos doctorales tienen a menudo un aire profético. En muchos casos están bien escritos y muestran sanos razonamientos. Miles de lectores acuden a la columna editorial firmada en busca de estÃmulo y orientación. La columna mejor conocida de este tipo aparece firmada por Walter Lippmann.
Columna estándar
Este tipo de columna se ocupa de temas editoriales de menos importancia y los trata en uno o dos párrafos. CaracterÃstico en su estilo ameno. Un temprano compilador de este tipo de columna “Gleanings” (espigaduras) en el Republican de Springfield llamaba a este tratamiento “rastrillar la carreta”. La columna normal frecuentemente no va firmada y puede ser obra de un solo individuo o el trabajo de un equipo. En esta categorÃa, las columnas más destacadas son ‘Topics of the Times‘, en el Times de Nueva York y ‘The talk of the town‘, en The New Yorker.
Columna revoltillo
Aquà el columnista presenta a sus lectores un poco de todo. Se guÃa por el principio de variedad y trata de que el contenido de su columna ilustre este motivo. Por tanto, en la columna de revoltillo pueden ponerse versos después de un párrafo picante, o insertar un anuncio de teatro frÃvolo y un proverbio actualizado, o una parodia. El encargado de la columna busca también la variedad en la tipografÃa que emplea, y recurre a tipos y formatos llamativos para presentar sus materiales. Muchas de las primeras columnas caben en esta categorÃa.
Columna de los colaboradores
AquÃ, los aficionados a la poesÃa y a la sátira y los inventores de chascarrillos son quienes trabajan, y el encargado de la columna se relega a segundo término y cobra el sueldo. Por supuesto, el encargado también escoge el material, a menudo lo publica, y casi con igual frecuencia se convierte en contribuyente. Todos parecen estar felices con este arreglo. El aficionado se siente recompensado con la aparición de su material y con la publicidad que le acarrea. El encargado tiene la sensación de fomentar a los nuevos escritores. Algunos autores bien conocidos tuvieron su punto de partida en las columnas de colaboración. La más famosa fue Edna St. Vicent Millay, que hizo su aparición como poetisa en la columna ‘La timonera Blindada‘ de F. P. A.
Columna de ensayos
Este tipo de columna es raro en la actualidad porque también escasean los escritores de ensayos. Cuando Christopher Morley escribió ‘The bowling green‘ (La bolera) para el viejo Evening Post de Nueva York, dio pruebas a diario de la fascinación de la columna de ensayos. El ensayo ligero familiar, la prosa equivalente al viejo vers de societé, tiene exponentes distinguidos en escritores tales como Joseph Addison, Charles Lamb, Oliver Goldsmith, y más recientemente, Milne y Chesterton. Puede tratar de todo y para todos; puede mofarse y charlar o seducir y encantar. Tiene una ilimitada variedad de temas, pero también una regla estricta, no debe ser nunca didáctica ni aburrida. Por cuanto a la forma, la columna puede consistir en varios ensayos muy breves sobre otros tantos temas, o un solo ensayo sobre un tema. Cuando el capricho y la gracia encuentran su mejor expresión, añade distinción al periodismo.
Columna de chismografÃa
El interés por los seres humanos -en sus virtudes y más a menudo en sus vicios- nos hace aguzar los oÃdos apenas se menciona el chisme. Los directores de semanarios de provincia conocen de tiempo atrás la fuerza de este atractivo y llenan sus periódicos con pequeñas notas relacionadas con los ires y venires de los vecinos y sus amigos. Los diarios metropolitanos ponen el sabor local a sus páginas sofisticadas al publicar las columnas de chismorreo. Aquà el lector se entera de las flaquezas y desatinos de quienes forman la crema y nata y de los que allà se encaminan -las llamadas “celebridades” que conoce de nombre porque frecuentemente lee lo que de ellas se dice, y ha visto sus fotografÃas en la prensa. Walter Winchell, un excoceador, aportó tanto renombre como popularidad a la columna chismográfica al especializarse en revelaciones Ãntimas. (…)
Columna de versos
El periódico que usa la prosa como su principal medio de expresión siempre cuenta por allà con algún espacio para la poesÃa. (…)
Columna de orientación
Todos quisiéramos tener oportunidad de estar entre bastidores, presenciando la escena desde un ángulo vedado al común de los mortales. Esto es particularmente cierto tratándose de una representación importante, como la polÃtica. A este respecto, la columna de orientación emplea con mucho la misma técnica de la columna de chismes, y su atractivo es muy parecido, pero la trasciende en significación. En la columna de orientación los nombres triviales dejan su lugar al de los altos funcionarios de gobierno, polÃticos, diputados y senadores, y el chismorreo atañe a los asuntos nacionales e internacionales. Atrae al lector con la implÃcita promesa de una información de adentro”. Cuando la columna de orientación la escriben quienes tienen acceso a las fuentes de información fidedigna, frecuentemente asombra a los lectores por la exactitud con la que predice las noticias de nombramientos que aún no se han anunciado y otros bocadillos relativos a la actividad gubernamental (…).
Aun cuando hallamos que es bien fácil establecer los tipos de columnas, encontramos dificultad si intentamos clasificar a los hombres y mujeres que las escriben. Para la administración, el “mejor” columnista es el que atrae el mayor número de lectores, pues incrementa asà la circulación. El lector inteligente y el estudiante de periodismo prefieren otra escala de valores. Afortunadamente, hemos tenido y tenemos en la actualidad algunos columnistas que satisfacen tanto al gerente de administración de un periódico como al lector que discierne.
LA LIBERTAD DEL COLUMNISTA
Ambiente de libertad
Hoy en dÃa, el columnista que firma sus escritos puede expresarse con la mayor libertad, siempre que evite la difamación y la obscenidad. Puede, de hecho, sustentar un punto de vista contrario al que tenazmente sostengan los editoriales del mismo periódico. Puede inclusive zaherir impunemente los más preciados postulados de los editores.
En efecto, los periódicos de ahora se esfuerzan en escoger columnistas que sostienen puntos de vista diametralmente opuestos a la polÃtica editorial. Lo hacen porque piensan que el lector, al ver que se exponen los criterios opuestos, juzgará sus periódicos como imparciales y de amplio criterio.
Pasado difÃcil
No siempre ha habido este feliz ambiente, que tomó cuerpo en los años subsiguientes a 1920, debido principalmente a los esfuerzos de Heywood Broun. Broun consideraba la actividad periodÃstica, según sus crÃticos, con ingenuo idealismo. CreÃa que el periódico es una institución dedicada al servicio público y un instrumento concebido para combatir la injusticia y conservar las libertades civiles.
Consideró que las opiniones expresadas en su columna ‘Me parece’ (‘It seems to me’) debÃan reflejar con toda naturalidad su propio criterio. Por tanto, en ocasiones oportunas y frecuentemente en las que no lo eran, se permitió diferir en su columna de los puntos de vista sustentados por la sección editorial de su periódico, el World. (…)
Libertad reconocida
Hoy se reconoce la libertad del columnista para escribir lo que quiera, bajo su nombre, pero también la del director para suprimir, censurar o quitar, cuando estima que es el caso de hacerlo.
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