2010, otro año de crisis
Cuentan que este año hay pueblos de España que van a prescindir de uno de los tres Reyes Magos porque con esto de la crisis no pueden pagar el viaje desde Oriente de los tres. Y como si dejan fuera a Baltasar podrán ser acusados de racistas, la cosa va a estar entre Melchor y Gaspar. Pajes también van a venir los justos, así que no pidan muchas cosas este año, ni siquiera carbón, que llegar a todas las casas en una sola noche es misión complicada cuando está tan ajustado el cinturón de la plantilla.
Conciencia de lo dramática de la situación al menos sí que hay. Uno sale a las calles del nuevo año, se junta con los amigos en el bar, asiste a comidas familiares, enchufa la radio o la televisión o abre los periódicos, tan flacos que si no fuera por el frío parecería que estuviéramos en agosto, y nota en el ambiente un pesimismo acojonante. La costumbre de beber en estos días sigue intacta, pero ya no se bebe tanto para celebrar como para olvidar el presente y lo que nos espera. Aquellos deseos de un futuro mejor han dado paso a las peticiones de clemencia para que la virgencita nos deje como estamos. Con que al Estado le llegue para pagar el desempleo se conforman buena parte de los parados. Que si hasta ese gran optimista por convicción e ingenuidad que es Zapatero advierte de que la cosa va a ir a peor, a quién no le entran ganas de encerrarse en casa provisto de víveres y echarse a invernar como los osos.
Cuenca no es ajena al deterioro de la economía y el año ha empezado con varios ERE´s en negociación y el cierre de la única revista semanal que nos quedaba, esa Crónicas por la que en sus doce años de existencia han pasado periodistas como Gema Ortega, José Manuel Castellote, Aurora Ponte o Luisma Calvo. Carlos Mara fue quien capitaneó la barca de su redacción hasta el último día, así que desde estas líneas le mando mi solidaridad, que sé que es algo que de poco sirve, pero peor sería hacer como que no ha pasado nada. Que las olas te dejen a salvo en una nueva orilla donde el periodismo no sea sólo un instrumento para difundir noticias, reportajes u opiniones, sino también una forma de ganarse la vida.
El próximo viernes está previsto el estreno en España del nuevo documental de Michael Moore. Lleva el irónico título de Capitalismo: una historia de amor, y desde luego que promete ese trailer en el que el cineasta gordinflón acude a los bancos en busca de las ayudas que el Gobierno de EEUU ha concedido a las entidades financieras. “Venimos a que nos devuelvan el dinero del pueblo”, les viene a decir. Y uno traslada esa situación a España y piensa que cuánto mejor harían Zapatero y los suyos en inyectar directamente liquidez en las pymes que apuestan por el empleo que en fletar aviones a los damnificados por el caso Díaz Ferrán, en defender la democracia por encima del pago de secuestros, en subvencionar a los escolares más suscripciones a los periódicos y menos ordenadores con conexión a Youtube, en no permitir que se acepten tantos ERE´s sin investigar el dinero que esas mismas empresas ingresaron hasta hace bien poco a costa del ladrillo, en primar, como en Alemania, el mantenimiento del empleo aun a costa de reducir la jornada en vez de aumentar las prestaciones a los parados de eterna duración o subvencionar a los sindicatos tantos y tantos cursos que luego no encuentran salida laboral.
Pero hay cosas que se han hecho tan mal que es probable que ya no haya más solución que esperar a que pase el tiempo para que el país se recomponga por sí solo. O lo mismo el futuro pasa por emigrar, como en aquella España de posguerra, a Suiza, Francia, Inglaterra, Holanda o Alemania, países que han sabido mantener el tipo de la clase obrera pese a la marea negra de la crisis. Lo bueno de que España asuma justo ahora la Presidencia de la UE está en que, a lo mejor, ese mayor acercamiento a la realidad europea le permite a Zapatero conocer a fondo las medidas que se han aplicado en esos países y estudiar su puesta en marcha en España, aunque para eso será necesario que se deje de ese objetivo de risa de sacar a Europa del desempleo y luche para que los países más escaldados del continente, entre ellos el nuestro, alcancen el nivel de la media, que no sería poco logro. Ya va a ser imposible que las urnas de las próximas elecciones generales le pongan un sobresaliente, pero el aprobado todavía está al alcance de su esperanza. Que por lo menos lo intente, que de lo que haga o no haga depende el futuro de miles y miles de españoles. Feliz 2010.
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