Bebidas ‘alcólicas’
Cuentan que desde que entró en vigor la nueva ordenanza del alcohol, prima-hermana de la madrileña, los jóvenes conquenses, que hasta hace bien poco quedaban los sábados por la noche a eso de las diez, han adelantado su horario y ahora se juntan a las nueve y media para que les dé tiempo a acercarse a los chinos y proveerse del suministro que les permite organizar esos botellones donde la timidez se ahoga en el vaso y afloran los sentimientos y verdades de cada cual en busca de una felicidad efÃmera, y quizá ficticia, pero sentida por cada uno como tal.
Un servidor, a sus treinta y algún año, ya no tiene cuerpo para botellones, y menos con el frÃo que está cayendo, pero entiende que una fiesta en la noche del sábado no se puede organizar con zumos de piña o de naranja. Que por mucho que la salud agradezca la abstinencia un poco de alcohol no sólo no es tan malo, sino que alegra y nos ayuda a olvidar nuestros problemas de entre semana, que cada cual tiene los suyos y los adolescentes también. Y a ver quién no se ha valido de la coraza de una copa para dar el paso de situarse frente a los labios de esa chica que tanto le gustaba como le cohibÃa. La mayorÃa de las resacas no merecen la pena, pero sólo por el fruto de ciertas noches de alcohol pueden haber merecido la pena todas las resacas.
Si queremos que los adolescentes no beban, o al menos no lo hagan por costumbre, lo suyo serÃa desterrar la bebida de las mesas con mantel de los mayores, de las barras de los bares a las que tienen permitido el acceso los pequeños (que no pueden beber, vale, pero sà mirar), predicar con el ejemplo y no con la ley seca de una prohibición que no deja de ser un tanto ambigua, pues quienes cuenten con dinero y quieran emborracharse siempre podrán hacerlo en uno de esos bares donde la fiesta no baja su telón hasta las tantas.
Pero si algo me llama especialmente la atención de todo este asunto son esos rótulos que decoran desde principios de mes algunos chinos de la capital conquense. ‘A partir de las diez no se venden bebidas alcólicas’, anuncian para evitarse una multa de la PolicÃa Local. Tal ofensa a nuestra lengua me lleva a pensar que, puestos a sancionar a quien incumple determinadas ordenanzas, por qué no hacer lo propio con quienes a la vista de todos se saltan las normas de la gramática. Desde luego que una buena pasta sà que se sacarÃan nuestras autoridades a costa de la incultura general.
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