Flashlagartos
Venimos en paz. Siempre
Vale, sí, lo reconozco. Yo de pequeño era un llorica manteles así que había muchas cosas que no me atrevía a hacer. Una de ellas, es lamentable, lo sé, era ponerme delante de la tele con el bocata de nocilla para ver V. Era superior a mis fuerzas. Que no. Yo siempre he sido muy tiquismiquis para los alienígenas y la comida de ratas, así que, si las dos cosas venían juntas, con trajes rojos de por medio, pues apaga y vámonos. Y más cuando había un chaval de mi clase que en los recreos cogía lagartijas (entonces había lagartijas en los patios de los colegios, ahora no sé) y se las comía a lo V. Lagartija al estilo Diana o algo así. Puaj. Desconozco si ese chaval todavía vive después de los menús estupendos que se marcaba, pero por si acaso no diré su nombre, que Internet lo chiva todo. A lo que iba, que V no. Yo era más de McGiver y El Equipo A. Es deprimente, lo sé, pero para qué mentir. No veía V. Una infancia triste, en fin. Supongo que para compensar la cosa, ya me he tragado el primer capítulo de la nueva versión de la serie de los lagartos. Y creo que me he enganchado. Ya son 32 años y no soy tan impresionable. Creo. El que sea más viejo ayuda, pero sobre todo lo hace que protagonice la serie Elizabeth Mitchell, que como buen fan de series que eres sabrás que es la hipnótica, deliciosa y tormentosa Juliet de Perdidos. (Suspiro). Sólo por eso merece ver la serie, pero es que además hay más. Dejando al lado el casting de saldos que se han marcado (el cura es de los 4.400, la mujer del lagarto bueno salía en The Nine y 24, y el periodista vendido en Cinco en Familia), la cosa va bien servida de efectos especiales, la trama ya se ha cocinado bien en el primer capítulo, el que haya sacerdotes y presentadores de TV de por medio da nuevas dimensiones a la cosa, la comandante de los visitantes tiene un excitante cuello XXL y, de momento, no han salido ratas. Y lo mejor de todo, es que como no vi la original. Todo lo que pase ahora me vendré de nuevas. Así que la cosa promete. “Venimos en paz, siempre”. Y que sea para mucho.
Flashdecepcion
Y mira, en el lado opuesto de la balanza está ‘Flashforward’. Me vais a perdonar. Yo me hice fan en el primer capítulo. Y puede que en el segundo. Y de ese que empezaba con la canción de Björk (creo) y un autobús que se hunde. Grande. Pero lo que vimos el martes pasado en Cuatro ya se pasaba un poco de castaño a oscuro. Me da la sensación de que se les ha acabado un poco el presupuesto y ya tiran un poco de escenas en interiores, conversaciones chorras y que al final esto va a salir por peteneras que no veas. Tiene pinta de decepción, de coñazo en toda regla. No será la primera vez. Lo hemos vivido antes con Prison Break, con Héroes (dos ejemplos claros de cómo joder una serie que debió terminar en la primera temporada), pero lo de Flashforward va camino de récord. Como la cosa no remonte esta semana, uy uy uy, que mala pinta tiene esto. Menos mal que ya queda menos para que vuelva perdidos.
En la de al lado
Toni Garrido tiene una sección en su programa ‘Asuntos propios’ que me fascina. Se llama ‘Dar en la de al lado’. A ella llama y escribe gente para compartir todas esas frases mal dichas que sueltan sus conocidos y que son chistes encubiertos, el mejor humor inteligente sin consciencia, la metedura de pata que no es tal que te puede alegrar una velada. Muerte a los monólogos. Vivan las palabras que dan en la de al lado. El otro día, comiendo con la familia, recordamos algunas memorables vividas por padres, hijos, sobrinos, nietos y espíritus santos. Mi tía, por ejemplo, se metió por error en el baño de los paralímpicos, mi padre se compró el último libro de Juan Brown y mi tío no se sugestionaba con sesiones de hipnotismo, sino que se autogestionaba. Pero con todo, la mejor, es la que escribió este verano una becaria del periódico para el trabajo. En una crónica de reventones de tuberías escribió “la calle quedó abnegada por el agua”. Se lo cambiaron, claro. Una pena.
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