Fin
– Todos los finales son una derrota.
PodrÃa parecer que lo decÃa como si tal cosa, pero era un muestrario de evidencias: el pelo escaso, el vaso vacÃo, la cadera rota, la memoria atrancada en la infancia.
HabÃa sobrevivido a una guerra, dos divorcios y los periódicos descensos de categorÃa del Sporting. Sus antebrazos daban calor al acero inoxidable de la barra del chigre desde hacÃa años y los amigos se habÃa ido alejando con el paso del tiempo, enclaustrados en geriátricos y cementerios.
Al tute lo sustituyeron los solitarios, la vista –antes cansada– ya estaba harta y El Comercio solo le interesaba para envolver el pescado. Todo lo que pasaba a su alrededor era una muestra de que el mundo se estaba yendo al garete y sentÃa que lo único que podÃa hacer para evitarlo era pedir más sidra y dejarse llevar por una marea que arrastraba todo lo que le habÃa pertenecido una vez.
A través del ventanal, vio cómo las grúas derruÃan el edificio. Las piedras caÃan a plomo sobre las butacas y las tablas del escenario se quebraban como un corazón expuesto al desamparo. El telón se derramó sobre los escombros, el cristal de sala de proyección se resquebrajó y las bobinas olvidadas en los anaqueles se abrieron velando todos sus secretos.
El capataz dio la orden de retirada antes de que una imprudencia afectara a la fachada, la única parte del viejo cine que la empresa de cirugÃa estética querÃa conservar. Los depredadores se retiraron después del banquete, y entre los restos del naufragio, se fijó en el cartel intacto de la última pelÃcula proyectada:
– Gomorra – leyó.
Volvió la vista a la barra y vio cómo, en el fondo de la botella, nudos de madre buceaban buscando una salida que nunca iban a encontrar.
Popularidad: 1%
No hay contenidos relacionados.
