Lecturas de verano
Qué lejos quedan ya las vacaciones, si parece que fue ayer cuando andábamos planeando la locura de viaje que fue el recorrido por la Costa Oeste de Estados Unidos.
Cuando se planea un viaje llega un momento en que, tras apretujar todo lo que cabe en la maleta y más, preparar el pasaporte, los billetes, las reservas de los hoteles, el cargador del móvil, el móvil, la cámara, el mp3, la almohada hinchable para el avión, los calcetines de refuerzo por si el aire acondicionado, en que uno se pregunta “¿qué libro me llevo?”
Es una pregunta difícil de responder. Siempre depende del tipo de vacaciones que uno vaya a tener, claro. 12 horas diarias de playa 15 días seguidos suponen un buen aliciente para abordar Los pilares de la Tierra, su continuación, las obras completas de Terry Pratcher, los 20 últimos números de la Pronto y cualquier otra lectura que, aunque sea por desesperación, alivie el tedio playero.
Algo más sesudas en el contenido y livianas en el peso podrán ser las lecturas del viajero que vaya a llevar el libro en la mochila y tener ocasión de leer en sesiones cortas, en la cola del museo, en un rato de asueto en la piscina o en un trayecto corto en transporte público. Pongamos como ejemplo una antología de algún poeta o El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano.
Un término medio será el del viajero que se desplaza lejos, que no tendrá mucho tiempo para leer en el destino pero largas horas de vuelo, tren o autobús. En tal caso, mejor un buen libro no demasiado pesado pero lo suficientemente extenso para durar todo el viaje y ameno para que las horas pasen rápido. Como una colección de cuentos de Poeo La verdad sobre el caso Savolta, de Mendoza.
Por último, están las lecturas que sirven para casi cualquier situación, como La insoportable levedad del ser, de Kundera, Los renglones torcidos de Dios, de Luca de Tena, o El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez.
En cada una de las categorías hay miles de ejemplos, y a ellos hay que sumar aquéllos que no suelen considerarse lecturas muy de verano pero que nunca pasan de moda. Como uno de los elegidos por los responsables de la mítica librería City Lights, en San Francisco: nada más y nada menos que El Quijote, “porque nos enseñó el valor de la literatura de ficción”, rezaba la recomendación. Y que nunca se nos olvide.
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