Las hijas de Zapatero… y a bailar
La foto
Hay peña a la que sólo le gusta conducir por la autopista. Quizá porque no tienen ni idea de que hay carreteras secundarias, vías comarcales, caminos de cabras incluso por los que se puede meter el coche sin temor. Hay gente que sólo conduce después de haber pagado su peaje y que piensa que eso es suficiente para viajar cómodo, para no tener que preocuparse por lo que sucede alrededor, para mirar sólo adelante, no más allá de las líneas continuas de la calzada. Hay gente tan ciega que en los mapas sólo ve la doble línea roja, sin pensar que hay gente que conduce y hace el mismo camino por otras carreteras marcadas con líneas verdes. Hay gente así, te lo juro. Hay peña que piensa que la autopista es lo único que existe. Y que no es posible viajar de otra manera.
Hay peña que critica a los coches que, por autopista, pusieron en su capó una foto gigante de las hijas de Rodríguez Zapatero. Y conductores que van detrás, miran la foto del coche de delante y lo critican. Qué vergüenza, qué poca ética, fíjate que publicar la fotografía, aquí en la autopista. Y sin darse cuenta de que esa misma fotografía viaja impresa en miles de coches que transitan por las secundarias, por los barrios suburbiales de la información, por blogs, páginas personales, vídeomontajes en youtube donde la fotografía no sólo ha sido difuminada o pixelada, sino que se muestra en todo su esplendor, con el negro rabioso del eyeline.
En fin. Hay personas que durante esta semana han intentado ponerle puertas a la curiosidad, al cotilleo, a la ética, la moral y la ley del menor. ¿Cómo se atreve El Mundo? ¿Cómo se atreve el ABC? Las críticas siempre nacen en las autopistas de la comunicación, porque el conductor cómodo, el chófer pijo de toda la vida, todavía no se ha dado cuenta de que hoy la mayor parte de la gente no paga el peaje, que viaja gratis por un completa red de carreteras secundarias.
La foto (II)
El caso es que ahí está la fotografía y tanto gente hablando de ella. ¿Mi opinión? Creo que Zapatero sale tocado y las niñas reforzadas. Pobres, anda que nos las estarán criticando en el tuenti. Pero mola que desobedezcan a papi y se pongan lo que les salga de la peineta. Esas botas… Bendita adolescencia.
Y a bailar
Lo mejor de la adolescencia es que no te tomas las cosas importantes en serio. Lo peor de la adolescencia es que te tomas en serio cosas que en verdad no son importantes. A mediodía, con el postre en una mano y el matamoscas para espantar la siesta en la otra, me hundo en el sofá para zapear entre Fama y Sálvame. Sí, lo reconozco, me gusta destrozar mi cerebro. Pero poquito a poco. El teatrillo de Jorge Javier me divierte, pero para morirme de envidia veo Fama, porque no sé bailar ni creo que aprenda en la vida. El caso es que me gusta ver Fama. Este año, lo reconozco, me gusta un poco menos porque lo mejor de Fama era su aire cutre. Ese plató tercermundista que parecía una peña destartalada, esos ventiladores que se caen (todavía me río del trompazo de Álex y Sonia en la primera edición), esa realización que te roba siempre media coreografía (bueno, eso sigue igual). En fin, me gustaba el aire cutre de Fama. Ahora lo han puesto más chic, como un vestíbulo de puticlub de posibles, como muchas luces, mucho neón y tal. No es lo mismo, pero bueno. Lo que sigue igual es esos sentimientos adolescentes a flor de piel, ese lloriqueo por las nominaciones, tía, ese tomárselo todo a la tremenda… Sí, qué pasa, veo Fama. Y mis preferidos de este año son Leticia y los hermanos Montero (sobre todo cuando bailan juntos). Qué envidia de baile. Y qué envidia de adolescencia.
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