Saber perder
Saber perder es el título de la última novela de David Trueba, una obra que Guardiola, aunque lo gana todo, regaló al futbolista Messi, que también se las trae, y que bien harían en leer los nacionalistas del PNV, que después de dos meses clamando injusticia al cielo de los vascos (que por lo visto no es el mismo cielo que el español) explotaron de mal carácter en la sesión de investidura de Patxi López como lehendakari.
Ibarretxe ejemplificó como nadie el mal saber perder, sacando a relucir toda una artillería de gestos que transmitían odio por sí solos y acompañándolos, por si no tuviéramos bastante, de palabras enfurecidas con las que acusó a PSOE y PP de “frentistas”, de asumir el poder con “trampa”, de haber emprendido una “cruzada” para anular la “identidad nacional” de una comunidad, para él nación, que “sigue siendo abertzale”. Y aunque se agradece que reconozca “democráticamente” el resultado de la sesión de investidura, que qué menos, le dio la puntilla a la cosa advirtiendo que los votos hubieran sido bien distintos si la izquierda de Batasuna hubiera podido participar en esa fiesta de la democracia que se supone que son las elecciones.
Con lo caliente que está el horno, ni el hecho de que Ibarretxe abandone su escaño garantiza una legislatura tranquila, que como quien le sustituya no deje a un lado los reproches, haga borrón y cuenta nueva y asuma con deportividad la nueva condición del Parlamento autonómico, nos esperan cuatro años en el infierno llenos de zancadillas, menosprecios e insultos, quién sabe si más radicales que los impulsados por Rajoy entre 2004 y 2008 con la intención fallida de dejar sin aliento a ZP.
Para que esto no ocurra, quien sustituya a Ibarretxe tiene que haber leído antes a David Trueba y tener claro que es en la derrota donde se demuestra la valía de cada uno de nosotros como seres humanos, que hay que saber perder. En vez de manos que arrojen piedras contra todo tejado que piense de otra forma lo que necesita Euskadi son manos tendidas, intentos de conciliación, acuerdos, y no sólo por el bien del PSOE, del PP o del PNV, sino de todos los vascos, ese pueblo al que tanto dicen amar los nacionalistas. ¿Lo demostrarán los próximos cuatro años?
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