Los periódicos no deben morir
En el actual escenario de crisis que asola la prensa escrita, hay quienes defienden el peso de la marca tradicional, como garante ante las amenazas que se ciernen; y quienes definitivamente consideran que el problema no es de marcas, sino de oferta; o dicho de otro modo, de una audiencia que en realidad tiene intereses diferentes, frente a los presuntos intereses comunes que tradicionalmente se han venido definiendo en las redacciones y que han constituido la unidad de información de referencia: el periódico.
A un lado, Pedro J. Ramírez. En su carta de ayer domingo, reivindicaba el peso de la marca y de las redacciones, como eje en torno al cual ofrecer un producto de calidad. Un producto del que se alimentan a diario tertulias de radio, los informativos de televisión y, por supuesto, los agregadores de noticias en la red. Para el director de EL MUNDO ese modelo de redacciones nutridas y comprometidas es la clave de que las instituciones y el poder tengan un mecanismo de control real, de que el periodismo de investigación, que tan buenos servicios ha prestado a la sociedad en todo el mundo, pueda sobrevivir.
A mí no me cabe duda de que el día en que la «unidad atómica de consumo informativo deje de ser el periódico» como pronostica la sacerdotisa de Google y los chupópteros del trabajo ajeno campen a sus anchas como los piratas de Somalia, las posibilidades de acceder a los papeles del Pentágono, de descubrir el GAL o el Watergate o de investigar el 11-M habrán disminuido dramáticamente. Pero también las posibilidades de contar con una cobertura consistente de los tribunales de justicia, las instituciones financieras o la vida cultural, pues todas estas actividades se hacen en equipo y buena parte de ellas jamás serán rentables por sí mismas.
No seré yo quien se deje llamar inmovilista y menos aún nostálgico. Los periódicos nunca volverán a ser lo que fueron de la forma en la que lo fueron, pero sólo redacciones suficientemente nutridas y cualificadas podrán materializar el derecho a la información de los ciudadanos a través de los distintos soportes conocidos y por conocer.
Al otro, Vin Bries, profesor de Comunicaciones visuales e interactivas en la Syracuse University (Nueva York) y gerente de una consultora de medios digitales. En un ensayo publicado en la edición de septiembre de 2008 de “Cuadernos de periodistas”, afirmaba que:
El hecho de que Internet (con la ayuda de las revistas de actualidad y de los canales de cable y de televisión por satélite) proporciona de manera extraordinaria a cualquier persona un modo mejor y más articulado de satisfacer sus intereses individuales que cualquier producto destinado al interés general puede ser el porqué de que los diarios de los Estados Unidos se estén muriendo.
[…] El problema de esta industria no es su propiedad, Internet, o la carencia de multimedia o de interactividad. El problema es que su producto de interés general se ha quedado obsoleto.
[…] A diferencia de las formas tradicionales de los medios de comunicación, la reducción de costes de entrada en la Web y su alcance mundial significa que cualquier pequeña empresa –incluso una que comienza- puede triunfar sobre un nombre ya establecido. He escuchado a muchos ejecutivos de empresas de medios de comunicación tradicionales que dicen que la marca de su empresa asegurará un lugar en la red entre Google, Yahoo!, eBay y YouTube. Olvidan la ironía de que todas estas marcas son las primerizas que están dando una buena paliza a los nombres consagrados de los medios de comunicación tradicionales. Un ejemplo más específico para los periódicos puede ser que The Guardian ha eclipsado, al parecer, a The New York Times, a The Washington Post y a The Boston Globe como periódico en la red ya que la mayoría de los liberales que están conectados online en EEUU lo leen cada día.
[…] Los directores de periódicos tradicionales quieren que su publicación sea la única fuente de sus lectores, que lo sean exclusivamente de su marca. Sin embargo, los más de 1.000 millones de personas que están online las mezclan. Cazan y recolectan información y noticias de múltiples marcas, simplemente porque tienen acceso a ellas online.
Estoy convencido de que Vin Bries tiene bastante razón en su análisis. Hay un desajuste evidente entre oferta y demanda que se sacia plenamente en Internet. “Yo ya no compro el periódico, lo leo en Internet y gratis”. Multitud de fuentes, un abanico más amplio de información, de fácil acceso… y en ese escenario, ¿qué papel les queda a los periódicos? El informe “Moving into multiple business models“, realizado por la consultora PricewaterhouseCoopers a partir de una encuesta internacional a más de 4.900 lectores y entrevistas a los principales editores y anunciantes de todo el mundo, apunta que el desarrollo de nuevos modelos de negocio y, fundamentalmente, la apuesta por una mayor especialización en la información pueden ser oportunidades para los medios tradicionales.
En realidad, no es algo de lo que reniegue Pedro J. Ramírez en su carta dominical porque en esencia defiende la misma tesis. Ahora bien, lo que no termina de tener claro es si será factible sostener ese concepto de periodismo especializado en un entorno en el que resulta mucho más difícil obtener rentabilidad del lector.
La marca también queda en entredicho. Basta con analizar el éxito mundial de algunas que han nacido exclusivamente en la red. Google, You Tube o Facebook están dejando a los medios tradicionales a años luz y reduciendo su papel al de meros proveedores o suministradores de noticias de esos gigantescos contenedores de información que son.
Sea cual sea el destino de los medios en esta enorme y gigantesca reconversión que están viviendo –“ Los periódicos nunca volverán a ser lo que fueron de la forma en la que lo fueron”, Pedro J. sic-, en lo que sí coincido con el director de EL MUNDO y en lo que sí creo que los lectores tenemos alguna responsabilidad, es en la defensa de los medios en general y de los periódicos en particular. En España sabemos muy bien el papel de contrapoder que han jugado desde la transición democrática y su probable diseminación en el nuevo escenario, quizás no sea una buena noticia.
Probablemente los accionistas de Unidad Editorial –los de Prisa ya lo están viviendo-, no vuelvan a encontrarse con balances tan espectaculares como los de hace 2 ó 3 años. Ya no tienen mucho más tiempo, se ven obligados a cambiar y a reinventar la fórmula. Los necesitamos con buena salud y no camino de la UVI. Una sociedad tiene mucho camino ganado con una prensa libre, fuerte y vigorosa. Necesitamos que sigan prestando servicios de innegable valor para la sociedad. Porque coincido con lo que cita Pedro J. en su carta de hoy: “Arcadi Espada lo ha dicho hace poco: en España está por llegar el día en que sea en un blog donde aparezca una noticia importante.”
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