Fuera de cobertura
Desde que tuve la suerte de encontrar a mi media mitad, disfruto de una Semana Santa y algunos días de asueto en uno de los lugares más desconocidos y vírgenes de la geografía ibérica. Mi suegro, en un alarde de memoria y paciencia histórica, contó 102 vecinos con sus respectivos motes el pasado invierno (aunque el censo del INE dice que son 432). Pero los fines de semana y fiestas de guardar el paraíso en cuestión puede llegar fácilmente a las 3.000 almas. Eso sí, todas ellas off-line, o sea, fuera de cobertura, con las compañías de telecomunicaciones portuguesas disputándose las ondas electromagnéticas con las españolas, de tal modo que, dependiendo de la habitación en que te encuentres o de las condiciones de la atmósfera puedes estar hablando desde España o desde Portugal. Lo mismo sucede con la radio y la televisión. De hecho, es más fácil sintonizar los canales y emisoras del país vecino. Yo, aprovechando la coyuntura, opto por apagar el móvil y desintoxicarme del periodismo audiovisual, por lo que disfruto unos días fuera de cobertura en los que es tal el descanso y la tranquilidad que paso hasta de afeitarme.
Pereña, que así se llama este recóndito y salmantino lugar es conocida en la zona por sus vinos elaborados con uva Juan García –Denominación de Origen “Las Arribes”- y sus quesos de oveja –sin D.O. pero excelentes-. Pero sobre todo es conocida por su singular orografía en el corazón de las Arribes del Duero, con un río encajonado y unas hoces de granito casi tan espectaculares como las pequeñas cataratas del Pozo de los Humos o las torrenteras en forma de cola de caballo del Pozo Airón. La ermita asomada a un acantilado sobre el Duero que comparten con los portugueses es otro de sus atractivos turísticos aún por explotar gracias, supongo, a la falta de cobertura, al penoso estado de sus carreteras y, sobre todo, a la brutal emigración hacia el País Vasco, Madrid y Barcelona de la mayoría de sus oriundos.
Hoy Pereña cuenta con cuatro bares, dos asociaciones de jubilados, tres casas rurales, un camping poco cuidado, dos frontones, plaza de toros y hasta un estanco recién estrenado. Miedo me da que las compañías de telefonía móvil refuercen aquí su presencia. En cuanto planten sus antenas este rincón paradisíaco y rural será pasto de las hordas de turistas en busca de la paz que ellos mismos turban.
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