De Madrid
Nunca me he sentido más madrileño que cuando salí de mi ciudad. A los 14 años decidí irme interno a un colegio de Logroño, y ahí fue donde comencé a valorar la importancia de vivir en la capital. Después, mis estancias en Navarra, en Salamanca y en Perú acentuaron el sentido de pertenencia a una ciudad siempre antigua y siempre nueva en la que nadie es extranjero.
Ahora que los años van dejando algunos posos en el alma, recuerdo con verdadero agradecimiento aquellos viernes en “el Larra”, el colegio público donde estudié la educación básica, cuando un autobús del ayuntamiento nos llevaba a visitar la ciudad dentro de un programa escolar para aprender Madrid que funcionó en los años ochenta. Cada viernes el Madrid que visitábamos era diferente: el medieval, el árabe, el de los Austrias, el de los Borbones, los museos de Ciencias y del Prado, el Naval, el del Ejército, el Prado otra vez, y otra… Por aquel entonces aquello suponía un descubrir la capital, un despertar al mundo adulto a través del entorno en el que teníamos la suerte de vivir. Sin embargo, lo sufríamos a regañadientes, sin disfrutarlo, pensando sólo en el trabajo que tendríamos que entregar el lunes y que nos comería todo el fin de semana.
Más de dos décadas después de aquellas excursiones por mi ciudad, no encuentro palabras para agradecer a mis profesores el esfuerzo que hicieron con nosotros para que abriésemos los ojos ante un Madrid lleno de oportunidades, de rincones, de historias de la Historia, de bullir político y social, de vecinos de barrio que se saludan por las aceras y discuten el penalti del Atleti, un gol del Madrid o el ascenso del Rayo en los bares donde se cuece la tertulia con cualquier desconocido.
Este fin de semana he tenido la fortuna de enseñar mi ciudad a unos primos de Bilbao. Este fin de semana, anticipándome a la sublevación de los madrileños del 2 de mayo, a Manuela Malasaña, Espoz y Mina o el Cura Merino; adelantándome a la fiesta de nuestro patrón, el de los labradores, san Isidro, me he enorgullecido de ser madrileño paseando por las calles de la ciudad en la que he nacido, en la que vivo y en la que espero resucitar.
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