Cuenca sin turbas
A los creyentes se les supone fe en Dios, pero, según parece, también los hay que creen ciegamente en las previsiones meteorológicas, las cuales se hacen a través de esos satélites generados por el progreso de la técnica que permiten analizar el estado del cielo en base a lo que hay o se avecina sobre cada punto del planeta, contando siempre con cierto margen de error. Me parece que creer en Dios y a la vez en la ciencia meteorológica es una contradicción, pero ya estamos acostumbrados a que la Iglesia diga una cosa y su contraria, como cuando arremete con uñas y dientes contra el aborto y la eutanasia pero se cierra en banda la investigación con células madre para conservar la vida.
Viene esto a cuento de que la procesión con más poder de seducción de Cuenca, la del Camino del Calvario, declarada de Interés TurÃstico Internacional, no salió la pasada madrugada del Viernes Santo porque la Agencia de MeteorologÃa informaba de que habÃa más de un 50 por ciento de posibilidades de que lloviera entre las 5.30 (hora de inicio del desfile) y las 12.30 (hora aproximada de su finalización). Y es que un protocolo aprobado recientemente por las hermandades, la Junta de CofradÃas y hasta el propio Ayuntamiento establece la suspensión en el caso de que las probabilidades de lluvia sean superiores a un 50 por ciento.
Teniendo en cuenta que a la hora prevista para el inicio del desfile ni llovÃa ni tenÃa pinta de que fuera a llover (las primeras gotan no llegaron a caer, de hecho, hasta, curiosamente, la hora en que la procesión debÃa encerrarse en la iglesia de El Salvador) no me extraña que la indignación se dejara sentir en las calles de Cuenca. Y no sólo en los turbos, sino en centenares de conquenses y, sobre todo, en esos visitantes que, en muchos casos por primera vez, habÃan decidido pasar la Semana Santa en Cuenca para asistir a ese acontecimiento tan promocionado. Que hay que ver lo que se habla de esta festividad durante todo el año, sobre todo en Cuenca pero también en ferias turÃsticas como Fitur, algo que a uno le cuesta entender si luego llega el dÃa crucial y un entramado burocrático cuando menos discutible deja al público con la miel en unos labios madrugadores para nada.
Hacer depender una procesión tan importante para Cuenca no ya de la lluvia, sino de la previsión de lluvia, me parece que no tiene ni pies ni cabeza. Es como reservar una habitación de hotel estableciendo la cláusula de que, si en el último momento la Agencia de MeteorologÃa anuncia lluvia, la reserva queda cancelada, que a nadie le gusta hacer turismo con paraguas. Y aunque es cierto que se trata de una decisión aprobada por consenso, que una serie de personas opinen igual sobre determinado asunto no garantiza que su opinión sea acertada.
Este suceso que puso a Cuenca en ridÃculo en los telediarios nacionales puede parecer sorprendente, pero en realidad no lo es tanto si uno sigue un poco la actualidad conquense, en especial la polÃtica, donde las cosas se piensan tantas y tantas veces que al final la perspectiva se pierde y se toma la decisión más desacertada posible o no se toma ninguna y todo acaba quedándose como está por los siglos de los siglos, como esa céntrica CarreterÃa cuya peatonalización continúan estudiando los gobiernos municipales diez años después, lo que hace que Cuenca sea la única capital de provincia de España sin un centro peatonal.
Muchos conquenses me atacarán por estas palabras y habrá quien alegue que yo he nacido aquÃ, pero esa respuesta no me parece un argumento sólido, sino una falacia equivalente a ese nacionalismo vasco que me considera español y no vasco porque no siento la ikurriña a su manera. Yo desde luego que nunca creeré que la capacidad del ser humano para razonar sobre determinadas cuestiones dependa del lugar donde se ha nacido. Y que una procesión salga o no a la calle dependiendo de unos pronósticos que, según advierte la propia Agencia de MeteorologÃa, siempre tienen un determinado porcentaje de error, me parece absurdo. Lo mismo para un desfile que transcurra en Cuenca como para uno que tenga lugar en Sevilla, Málaga o Teruel. Aunque sólo en Cuenca se ha aprobado una cosa asÃ.
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