Codo quebrado, fiebre lectora
No dejan de llegarme invitaciones y sugerencias para celebrar el 23 de abril, el día de San Jorge, el patrón de los scouts, la derrota de los comuneros en Villalar, las fiestas de Castilla y León con su morenito CSI, el puente en Aragón y, lo que es más importante, el día del libro.
La Escuela de Escritores me ofrece participar en la iniciativa cinco minutos de silencio por Mallarmé en el Jardín Botánico. Rescatan así una tradición perdida hace 80 años acompañándola con talleres de escritura. Por otro lado el Ayuntamiento de la villa y corte, el del soterramiento de la M-30 y las obras faraónicas me informa sobre la apertura de las bibliotecas municipales durante toda la noche para invitar a los madrileños a leer. Los libreros de la Cuesta de Moyano se preparan para vender ese día lo que no venden durante el resto del año y comienzan a montar en El Retiro las casetas de la Feria del Libro en un año de crisis económica y abundancia cultural.
Uno, que anda con el codo quebrado, celebrará la efeméride acudiendo a su cita con el médico para suplicarle, again, el alta. Y en mi favor aduciré que ya he celebrado el día del libro porque he estado aquejado de una fuerte fiebre lectora. Mientras esperaba la aparición del tercer volumen de “Milenium” para saber más de mi querida Lisbeth Salander, me he merendado “El blog del inquisidor” de Lorenzo Silva y su final apresurado; los “Mil soles espléndidos” y sus burkas del siglo XXI odiando a Rashid y recorriendo con placer y sorpresa la desconocida y cercana historia de Afganistán que apenas pude intuir con “Cometas en el cielo”; he descubierto las dotes narrativas de la muerte y el significado de los distintos tipos de amor que son siempre el mismo con la excelente obra titulada “La ladrona de libros” y no he podido menos que dejar escapar un par de lágrimas agradecidas tras la lectura filosófica, tierna y un poco “Amèlie” de “La elegancia del erizo”.
Pero lo cierto es que el codo va a su ritmo y que yo trato de acompasar el del resto de mi vida al suyo. A veces lo consigo. Otras veces, leo.
Feliz día del libro a todos los “leones”, a los que leen como fieras
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