Botellón de parados
Quién nos iba decir que esta España que cuando gobernaba Aznar iba tan bien (o eso nos decÃa Aznar) y que según el Zapatero de la primera legislatura jugaba en la Champions de la economÃa internacional (o eso nos decÃa Zapatero) fuera a liderar en poco tiempo todas las estadÃsticas de la generación de paro.
Pasar de la gloria al fracaso, visto está, es algo que puede suceder en un simple abrir y cerrar de ojos. O en un levantar de cejas, vamos, que es uno de los movimientos que mejor caracterizan a nuestro presidente, el sÃmbolo que aquellos artistas del ala izquierda de la progresÃa utilizaron para resaltar su lado más cómico y humano con vistas a la que la ciudadanÃa le renovara su contrato en la Moncloa. Porque da la impresión de que ha sido levantar una ceja y, al bajarla, encontrarnos con que hemos generado la mitad del desempleo de Europa y la suma da cuatro millones de parados, que tienen que ser muchos porque cuesta imaginárselos uno a uno o a todos juntos. Esto último serÃa como pretender retratar en una única fotografÃa a todos los habitantes de Castilla-La Mancha y el PaÃs Vasco. Los de las esquinas desde luego que se quedarÃan sin salir.
Europa, esa moderna Europa con la que compartÃamos los mismos árbitros de la misma liga, parece alejarse de nosotros a la velocidad de uno de esos AVE´s que por mucho que hayamos puesto en marcha difÃcilmente podrán llegar a su destino si hasta el maquinista le han mandado al paro.
Si cuando las cosas iban relativamente bien nuestros gobernantes no tenÃan pudor en resaltar lo bien que iban, uno se pregunta por qué ahora no les escuchamos reconocer lo mal que están. Es cierto que admiten que la situación es complicada, que hay crisis y tal, pero en seguida nos hablan de un horizonte no muy lejano que volverá a situarnos en el centro de los mapas del progreso. Ojalá sea asÃ, pero, hoy por hoy, uno echa un vistazo a su alrededor y lo ve todo negro, negrÃsimo. Se le vienen a la cabeza esos cuatro millones de parados y lo único positivo que piensa es que, si les diera por juntarse a todos para un botellón, al menos se reactivarÃa el consumo de las tiendas de licores del entorno. Y las farmacias podrÃan hacer su agosto al dÃa siguiente.
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