Belleza camorrista
La no ficción (¿por qué no se le llama ‘realidad’?) de las librerÃas se encuentra superpoblada de investigaciones profundas y concienzudas que han saltado del nuevo periodismo a la tapa dura. Más o menos documentadas, más o menos creÃbles, más o menos arriesgadas, los resultados de estas investigaciones convertidos en libros suelen ser compilaciones de datos, anécdotas y exclusivas que interesan en función de su polémica y novedad. Cuando uno se enfrasca en la lectura de uno de estos megarreportajes lo que espera encontrar es verosimilitud, información y, normalmente, el relato en ocasiones ameno, las más de las veces aburrido, de la aventura vivida en primera persona por el periodista infiltrado en los bajos fondos.
Lo que uno no suele esperar, y por eso mismo sorprende, es buena literatura. Menos aún cuando la obra en cuestión está en el ojo del huracán por el revuelo que ha levantado a su alrededor debido a unas cotas de realismo e información que han puesto en peligro la vida de su autor. Y eso es, precisamente, lo que uno encuentra en el best-seller por excelencia de la no ficción de 2008. Empezar a leer Gomorra, de Roberto Saviano, y encontrar frases como “en el mar, los barcos profieren gritos de hierro, como el aullido de los árboles cuando son talados, y siniestros sonidos de vacÃo que te hacen tragar al menos dos veces una mucosidad salada”, supone al lector curado de espantos en el ensayo de actualidad un alivio instantáneo y una sonrisa cómplice ante lo que tiene toda la pinta de ser, además de un superventas arriesgado, un buen libro.
Imágenes cargadas de belleza, extractos que son pura poesÃa, vocabulario que encajarÃa mejor en una novela histórica (de las buenas, claro) que en un reportaje sobre la mafia napolitana, descripciones cargadas de crudeza y calidad que hacen que el relato no sólo impacte, sino que conmueva.
Muchos dirán que no merece la pena jugarse el pellejo por denunciar una situación que poco va a cambiar por mucho que se airee. Pero si en esa denuncia se pone en juego la vida y el corazón, como ha hecho Saviano, el esfuerzo es dos veces más admirable. Ojalá tomaran nota todos los aguerridos reporteros que nos venden la cruda realidad con faltas de ortografÃa.
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