Nuestro tiempo
No habÃa concluido aún la investidura de Barack (léase Bruac) Obama como presidente de Estados Unidos y ya habÃan salido nuestros polÃticos a la palestra para alabar los modos, maneras, forma (¡qué bien se equivocó!) y contenido de su discurso; sus intenciones, su alud de esperanza y, de manera especial, el respeto con el que habÃa tratado al mandatario saliente, Bush (léase Buss).
Pero hete aquà que el diario El PaÃs sacó a la luz un supuesto espionaje en el seno del Partido Popular madrileño. Suponiendo que sea cierto, que nos interesen algo esas escuchas, persecuciones y grabaciones (no nos importa nada más que saber si a ello se dedicó dinero público), creo que la actitud de nuestros gobernantes (no de cualquiera, sino del presiente y la vicepresidenta) no ha estado a la altura.
¿Qué sentido tiene hablar de esto en una intervención junto al primer ministro de Portugal o en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros? Ya sabemos (porque lo sabemos, aunque nos hagamos los tontos) que la separación de poderes es ficticia, pero podÃan esperar a que la fiscalÃa, los jueces, resuelvan qué ha sucedido (sin tan claro lo tiene El PaÃs para llevarlo a portada una semana seguida, no costará mucho resolverlo). Pero no, nuestros polÃticos (unos y otros) se dedican a perder el tiempo, nuestro tiempo, desacreditando al adversario. Cuando los veo haciéndolo, metiéndose con el partido de enfrente (que se desacredita a sà mismo) pienso lo mismo que cuando estoy viendo la televisión: lo que no estoy haciendo en ese momento. Pienso que mientras ellos se dedican a insultarse, a afrentarse, denigrarse y mancillarse, nosotros damos un paso más hacia el abismo.
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