Mujeres y hombres extraordinarios
Supongo que no habrán oído hablar de Stephan A. Hildegard, conocido por sus (pocos pero fieles) amigos como A. (A Punto).
A Punto nació en 1930 en un pueblo del sur de Alemania de nombre Impronunciable y murió ochenta años después a escasos metros. En su vida, sin embargo, recorrió el áspero mundo ejerciendo multitud de trabajos: fue zapatero, comerciante, delegado de la oficina de patentes de Impronunciable, marino e, incluso, delantero centro y pichichi por un día en un equipo de fútbol manchego. Sin embargo, será recordado para siempre por ser el autor de una obra fundamental para comprender el mundo que nos ha tocado vivir, un libro alto y flaco (como él mismo) titulado “Los estadios intermedios” en el que recoge los momentos que a menudo pasan desapercibidos en la vida, los instantes en los que nadie repara.
He aquí, un botón de muestra de tan magna obra.
“Tarde o temprano, la risa se para en seco” sentencia A Punto en el capítulo dedicado al estadio intermedio entre la risa y la seriedad, entre la carcajada y la compostura, entre la sonrisa y la gravedad. A Punto matiza: “hay un breve instante, apenas perceptible, que pasa por encima del tiempo que lo define, en el que la risa desaparece y la seriedad, la mesura, aún no ha llegado, en ese lapso el sujeto no está en ningún lugar, sobrevive en un limbo emocional que jamás soportaría de no ser porque se desvanece como un sueño, como un recuerdo que es evocado por última vez”.
Es éste solo un ejemplo de los ochenta estadios intermedios que A Punto recoge en este libro, el único que escribió y que ahora duerme a mi lado en la mesilla de noche hasta que, vencido por el sueño, apago la luz y durante unos segundos me introduzco en ese estadio intermedio “en el que las sombras del día se dibujan como estrellas fugaces en las paredes del dormitorio oscuro, un cielo con esquinas que solo desaparece con los primeros rayos del amanecer”.
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