Milan Kundera
Qué ganas de añadirle sapos y culebras a la hasta ahora intachable página de servicios del escritor Milan Kundera con esa campaña de desprestigio que salió a la luz, casualmente, poco antes de que se fallara el Premio Nobel de Literatura, al que el autor de ‘La insoportable levedad del ser’ era uno de los más sonados candidatos.
Que de un escritor que tanto ha arremetido en sus libros contra los totalitarismos, vengan de donde vengan, se diga que en los años cincuenta colaboró con el régimen comunista de Praga, y que por irse de la boca un estudiante que habÃa desertado del Ejército y respondÃa al nombre de Miroslav Dvoracek pagó con sus huesos en los trabajos forzados de una cárcel durante catorce años, es algo que cuesta creerse y difÃcilmente podrá demostrarse a ciencia cierta después de tanto tiempo como el que ha pasado, que las huellas del delito y de la inocencia se habrán irremediablemente borrado en un camino que ya no podrá llevar de vuelta a Roma.
Uno, que no tiene datos sobre lo ocurrido, y hasta duda de que alguien los tenga de fiar, que ese informe policial de 1950 del que se habla bien ha podido ser falsificado, no puede saber si las acusaciones son ciertas o no, pero, ante la duda, se queda con la presunción de inocencia, que nadie es culpable hasta que se demuestra lo contrario.
De todas maneras, me pregunto que qué sentido tiene hacer leña de un asunto que ocurrió hace más de medio siglo y que puede amargar lo que le queda de vida a un intelectual que en todo momento se ha mostrado comprometido ética y moralmente con los derechos humanos y la libertad, y que en su momento hasta se vió obligado a escapar de su paÃs al ser considerado disidente por las autoridades soviéticas y hacer de Francia su nueva patria.
Cuánto mejor serÃa que, con la misma insistencia con la que se le está metiendo el dedo en la nariz de su pasado, pasáramos a recordar la bibliografÃa del creador de unas historias que saben profundizar con filosofÃa, psicologÃa y escepticismo en el ser humano universal, con un estilo claro y conciso en las antÃpodas de la predominante pedanterÃa con la que los escritores aficionados tratan de parecer más listos que ninguno.
En mi biblioteca tengo prácticamente todas sus obras y son muy gratos los recuerdos que guardo de su lectura varias veces repetida. Asà que si tengo que elegir entre su no demasiada extensa bibliografÃa no puedo limitarme a uno o dos libros: me quedo con la melancolÃa y el anticomunismo de ‘La broma’ pero también con el drama de amor y sexo sobre el sin sentido de la vida que es ‘La insoportable levedad del ser’, el tiempo rejuvenecido de ‘La inmortalidad’ y la vuelta imposible a la infancia de ‘La ignorancia’. Que las nuevas generaciones buceen en estas obras y pasen de todo eso que ahora dicen del escritor en los periódicos, que ni aunque fuera verdad servirÃa para restarle calidad a lo ya escrito.
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