Dejar de fumar
Hay que aprovechar las oportunidades. Aunque las anteriores hayan sido un fracaso total. Ya sabes, lo de “tropezar es posible, levantarse es obligatorio”. Y en esas ando, levantándome después de dos antiguos, amarillentos y olvidados tropezones con la cosa del tabaco. Bueno, de dejar el maldito veneno, cambiar mis hábitos, tener más pasta en el bolsillo, menos alquitrán en los pulmones y una vida social más políticamente correcta; sin obligar a mis amigos a buscar restaurantes con narcoespacios y esas cosas raras que he estado haciendo sin darme cuenta de cómo mi adicción iba condicionando mi vida y las de los que me rodean.
Total, que la cirujana que me ha colocado los implantes en las piezas 14 y 16, después de darme tres puntos en cada hueco para que la cosa cicatrice va y me dice: “Tienes que estar cinco días sin fumar. Es una buena oportunidad para dejarlo”. Y, claro, no es que la cirujana tenga poder sobre mí, pero después de sufrir un mareo en su clínica cuando me estaba metiendo el bisturí y raspándome el hueso del maxilar antes de taladrarme la mamola… pues le da una cierta autoridad y credibilidad que no tienen otras personas sobre mi persona. Especialmente después de acompañar las palabras antes mencionadas con un: “si fumas aumentas las probabilidades de infección y quizá el implante sea rechazado con lo que la operación no sirva para nada y tengamos que comenzar de nuevo”. Y esto lo dijo sin pestañear, sin aludir a los 3.000 euros del ala que me van a costar los dos piños nuevos.
Pues eso, que esta vez he cogido del zulo de mi casa -que hace de trastero y biblioteca prohibida- el libro de Allen Carr que no conseguí acabar la vez anterior (apenas son 200 paginitas en letra gorda) y me lo estoy metiendo entre pecho y espalda en menos de 24 horitas. “Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo”. Y yo creo que sé cómo. Leyendo este librito que me lavará el cerebro y me convencerá por repetición y ósmosis de lo asqueroso que es fumar y del complot de las tabacaleras para tenerme enganchado a mi dosis de nicotina. Y recordando a mi cirujana con voz inocente narrando el destrozo que podría causar el tabaco en mi ya de por sí destartalada dentadura.
Espero que sea la definitiva porque este año me he propuesto mejorar mi rendimiento futbolístico en la liga local y urbana donde, una temporada más, voy a defender los colores del Retonno C.F. Sin humo, con dientes nuevos y en hierba artificial.
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