In black
Era demasiado joven. Lo supe la primera vez que lo vi, cuando nos enseñó, junto al resto de los muchachos, las fotografÃas de sus conciertos por todo el mundo, el perfil suave de su guitarra, cada esquina de aquel local en las entrañas de Gijón donde ensayaban las canciones que nos iban a regalar. A la sombra de Pablo, como un espejo matizado, como un hermano menor, sonreÃa al escuchar a su compañero recordar temas, anécdotas, viajes. También silbaba los sueños de otra época mientras, a su lado, Julio punteaba cada una de aquellas viejas historias en clave de sol y disculpaba a Óscar que habÃa tenido que irse antes del ensayo.
Estuvimos charlando hasta tarde. Antes de salir nos enseñaron la gogglelina, la yema de huevo más hermosa del concesionario, con la que habÃan ido a tantas ciudades y en la que llegaron a Navia unos dÃas más tarde, cargados de ilusión y rock’n’roll. Esperaron en una esquina sin inmutarse hasta que llegara su momento. Los recuerdo allà apostados, los cuatro, con sus camisas blancas, sus corbatas negras y esa tranquilidad que emanaba de su talento. Incluso asà vestido, Paco seguÃa pareciendo demasiado joven.
Fue entonces cuando nos regalaron aquel Baby is in black que nunca olvidaremos porque en ese instante, en el mundo, sólo estábamos ellos y nosotros. No recuerdo nada más, sólo que se sucedió la locura y todos disfrutamos con aquellos elegantes muchachos que nos acompañaron en nuestro dÃa con sus canciones.
Ha pasado casi un año desde entonces y Paco nos acaba de dejar. Era demasiado joven, insisto. Sin embargo, aunque lo echen de menos, la banda no dejará nunca de tocar porque sólo asÃ, con The Goggles sobre el escenario y los primeros acordes de Honey don’t en el aire, seguirá con ellos para siempre.
A Paco Bouzón, médico, músico; in memorian.
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