De espejos y decadencias
Nos dice nuestro compañero Víctor que esto ya empieza, que Sincolumna se renueva a partir del lunes 8 de septiembre, pero nos informa con tan pocos días de antelación, el muy puñetero, que hay que estrujarse el cerebro a última hora aunque uno no tenga nada que decir o tenga tantas (el verano cunde lo suyo, también a la imaginación) que lo difícil sea escoger.
Como no me apetece levantarme ahora a mirar la agenda de mis temas pendientes, le echo un vistazo al periódico del día y me encuentro con esa noticia por todos conocida de que Rafa Nadal ha ganado el Premio Príncipe de Asturias del Deporte. No he visto ningún partido de este tenista tan moreno y simpático, según dicen, así que la cosa ni me va ni me viene. Pero como estoy más o menos enterado de los muchos títulos que ha obtenido, entre ellos el Olímpico, su elección me parecería lógica si entre sus competidores no estuvieran otros dos deportistas mucho mejores que él, Usain Bolt y Michael Phelps, que con sus proezas estratosféricas han hecho historia no en España sino en el mundo. Pero, bueno, si queremos utilizar los premios para hacer patriotismo la elección me parece acertada.
Por lo que sí que no paso es por esos halagos hacia el tal Nadal que se lanzan en todos los medios nacionales. En especial, me irrita que los Príncipes de Asturias se refieran a él como “un espejo para la juventud”. No sé. Me da que como ese sea el espejo de nuestros jóvenes, nos van a salir españoles frustrados por todas partes, que ponerles como ejemplo algo prácticamente inalcanzable les puede menguar el placer por las pequeñas cosas, la capacidad de dejarse llevar por otros sueños más a mano. Además, ¿por qué tanto fomento de la competitividad?, ¿por qué tanto empeño en subrayar el mérito deportivo, que está muy bien, pero no deja de ser algo meramente físico?
Decido pasar página pero me cabreo todavía más con las reacciones del PP y de la prensa afín a la derecha contra la pretensión del juez Garzón de reabrir las tumbas del franquismo. Siempre están con eso de que hay que mirar hacia adelante (en lo que les interesa) y no reabrir heridas, pero es que hay heridas que siguen abiertas y que lo que hay que hacer es cerrarlas de una vez por todas. Que treinta años de democracia son suficientes para poder enfrentarse sin riesgos a nuestro pasado, que para qué seguir ocultando que en España hubo una guerra que dejó muertos en los dos bandos, pero sobre todo en el rojo, y que quienes la empezaron fueron los que a la postre triunfaron e impusieron su dominio a una sociedad en blanco y negro con sus metralletas, sus tanques, sus bozales.
Después leo a Jiménez Los Santos diciendo en su columna que “la decadencia intelectual del periodismo español está para los leones” y me caigo de la silla, supongo que del susto. Aunque luego pienso un poco en sus palabras y me digo que a lo mejor tiene razón, pero que precisamente es él quien encabeza la decadencia de una profesión que, no obstante, otros sí que intentan mantener con dignidad.
En el resto de páginas del periódico me encuentro repetidamente con el careto de Obama, que es muy mono y todo eso pero que no me interesa tanto como para dedicarle un minuto más a su candidatura, que ya llevamos todo el verano, y varios meses más, con él por todas partes, que parece que cada semana hay un super-martes, un super-jueves, un super-domingo. ¡Vaya super-coñazo! En mi vida tengo otras prioridades, así que me pongo a tender la ropa, que es algo que a veces hay que hacer.
En fin, que me alegra volver a Sincolumna, aunque sólo sea para arremeter contra una actualidad que cada vez entiendo menos, o que quizá me importe un bledo, a saber. Serán cosas del verano, que el calor hace que exageremos más de la cuenta al hablar o al escribir. O quizá sea yo, que tomé demasiado el sol el pasado agosto. Aunque fuera a través de las ventanas de la oficina.
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