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Fama
Hace un par de meses escribà en esta misma sección que me habÃa enganchado a un nuevo concurso reality llamado Fama. Como uno tiene que apechugar con lo dicho pues tendré que mantenerlo. Sigo viéndolo, pero ha perdido este toque naif que lo hacÃa diferente. Desde que Cuatro descubrió que tenÃa en las sobremesas su gallina de los huevos de oro no ha dejado de explotarlo. Ahora con unas galas domincales que han hecho perder toda la esencia del programa. Las lentejuelas han sustituido a las camisetas sudadas, y eos ya no mola tanto. Lo mejor de la Fama de las primeras semanas era el tufillo cutre que desprendÃa. Unos decorados tremebundos sacados de la peor de las televisiones locales, un escenario que se caÃa a trozos cada vez que un concursante se apoyaba en un ventilador, una cocina llena de zumos y yogures del Lidl (el supermercado multiahorro y multicultural), unas camas desniveladas con sábanas del todo a cien, unas pactadÃsimas conversaciones entre los profesores, que esperaban una señal por el pinganillo para expresar lo “preocupadÃsimos” que estaban por sus alumnos, unos grafismos infantiles y unos letreros con más faltas de ortografÃa que el autógrafo de un futbolista. En fin, todas esas imperfecciones (exhibidas sin rubor) que nos hicieron enamorar del programa se han transformado ahora en un cabaret con Ãnfulas. Qué triste. Cómo degenera el progreso. O algo.
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La mayor confianza que puede darte un escritor es que te mande por correo electrónico (un poner) la primera versión de su próxima novela, y que luego te pida tu opinión. Con independencia de esta última (que es buena, desde aquà te lo digo), me fascina la idea de que ese montón de folios que acaba de escupir mi impresora, que ese documento word incorpóreo, ese tocho de hojas sobre los que acabo de anotar comas y signos de admiración (¡guau! ¡genial!) se convertirá, fijo, seguro, no lo dudo, en un libro.Y cuando lo compre y lo abra, un pulgar en cada tapa y los meñiques en el lomo, hundiendo las narices entre las páginas, descubriré un olor desconocido pero que remite a una historia que casi vi nacer. Mola.
Manu Berástegui
Es un colaborador de A vivir que son dos dÃas que me fascina. Recuerdo que salÃa en los primeros balbuceos de aquel programa de infausto recuerdo llamado A tu lado (por cierto, su presentadora amenaza con volver a la tele, ¿por quéeeeee?). AllÃ, Berástegui no me gustaba. Nada. Quizá porque las compañÃas no ayudaban y tal. Ahora es tertuliano quasi fulltime del programa de los fines de semana en la Ser y me chifla. Tanto cuando habla de libros como de cosas mundanas. Es genial. Un descubrimiento, supongo, de la Barceló que ha heredado Montserrat DomÃnguez.
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