Karmele Lost
Intelectual colectivo
Desde aquà pido un aplauso cibernético (o algo, tecleemos todos plas plas plas a la vez) para Manuel RodrÃguez Rivero (por su columna, ahora en Babelia, famoso en el mundo entero). M. R. R. es la clara demostración de cómo una firma puede hacer que un lector (yo mismo) le ponga los cuernos a un periódico. Hace como dos meses compraba el ABC cada sábado. Y lo hacÃa con gusto oprque artÃculos como el de M. R. R. en el ABCD ya justificaban el gasto. Si a eso le sumabas el quesito en porciones de Rosa Belmonte, los artÃculos destroyer de Juan Manuel de Prada y la modélica escritura de Ignacio Camacho, pues ya estaba casi todo cumplido. Pero M. R. R. nos ha abandonado. Y con su marcha, he dejado de comprar el ABC los sábados. (Y eso que regalaban una revista del corazón que causaba furor en casa). RodrÃguez Rivero ha vuelto a la que fue su casa y ahora escribe de nuevo en Bobalia, el suplemento literario de El PaÃs. Que haya dejado de comprar el ABC no significa que ahora compre el diario de Prisa. Para ello está Internet. Pero siempre es una gozada saber que Bobalia deja de vez en cuando espacios para una mirada divertida y distante sobre el mundillo literario. M. R. R. mola. Y si va acompañado (unas páginas más acá) por Muñoz Molina, ni te cuento. Hace años que El PaÃs dejó de ser el intelectual colectivo para convertirse en una suma de estrellas mediáticas de la pluma. Eso.
Ventana a la nada
Me cuenta David Barreiro (columnista posindustrial) que el otro dÃa se montó parda en La Ventana. No pude escucharlo. A esas horas suelo estar trabajando y no me gusta mucho escuchar la radio mientras ello. Si acaso, me pongo de vez en cuando Julia en la onda para ver de qué va ese dÃa el gabiente. En resumen, que no casi no escucho La Ventana. La cosa es en casa Gemma pidieron a los colaboradores (Ariel Rot y Jaime Urrutia, la cosa, de entrada, ya da mucha pereza) que eligieran un himno. Y al de Caligari (un gabinete, pero sin Adriansens) no se le ocurrió otra cosa que en el corazón del imperio Prisa elegir el himno de la Legión. Ahà es nada. Dijo que musicalmente le gustaba y tal. Pero recibió crÃticas porque eso no es sólo música y en ese plan. Hablo de oÃdas, claro, porque no pude escucharlo. Y lo he intentado. Que conste que he rebuscado el podcast y el archivo sonoro en la web de la Ser pero no hay manera. Hay grabaciones de otros programas, de la sección, ese misma sección de otros dÃas, pero no de ese. ¿No quiere la Ser que escuchemos lo que se dice en sus programas? ¿Por qué no está disponible ese archivo en su web? A lo mejor es que no he buscado bien. Si alguien lo encuentra, por favor, que me lo comunique. Me ha picado la curiosidad, hombre.
Karmele lost
Hablando de picar. Ahà tenemos, sin ir más lejos, la cara de Karmele toda llena de granos y picaduras. Es como un ready-made en las playas hondureñas. Karmele, con su neopreno mantelerÃa y sus gafas (parecen herencia de la Jurado) se ha convertido en una estrella mediática de la cosa isleña. Ahà está con su sombrilla princesa Peach y unas piedras que coge para simular que hablar por teléfono (¿te acuerdas de cuando desayunábamos juntas, Teresa?). Además, ha instruido en la cosa del connecting people a LucÃa Lapiedra, que también coge las idem para hablar con sus seres queridos (pongamos que el ser se llama Pipi). Eso. Por allà pulula también unos bañadores con ente dentro. El ente es Joselito y es extraño que coma tanto y sea tan pequeñito. En fin, la cosa se completa con un maromo en tanga y una tipa de tetas grandes que sólo hace que hablar y gruñir a Joselito (se llama Ivón). Uno no puede dejar de pensar cómo habrÃan sobrevivido todos estos si hubieran viajado en un vuelo Oceanic. Me estoy imaginando a Karmele en plan Kate transportando dinamita por la isla. O a Joselito al más puro estilo Locke con la mirada perdida en el horizonte y pulsando un botón cada 108 minutos. O LucÃa Lapiedra en plan Jin torturándose porque en su otra vida le habÃa puesto los cuernos a su pareja. O mejor, que todos ellos, el chico del tanga y la chica tetas xxl sean en realidad los otros y al otro lado de la isla vivan Sayid y compañÃa, aterrorizados porque un dÃa confundieron un oso polar con la sombrilla de Karmele. Tremendo.
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