Almudena Grandes sustituye a Eduardo Mendoza en El País
El domingo 31 de diciembre, Eduardo Mendoza se despedía de sus lectores de columnas desde la última página de El País. Al lunes siguiente, Almudena Grandes heredaba esa tribuna. Ambos hablaron sobre el género en sus respectivos textos de despedida y bienvenida.
6 de enero de 2008 :: Grandes, todos los lunes en El País
Fuente: sincolumna
Los Reyes Magos le han traído a Almudena Grandes más trabajo y más lectores: será una de las columnistas de la última página de EL PAÍS a partir de mañana, y todos los lunes. “Es una responsabilidad muy grande. Quizá porque soy lectora de esta sección y la lectura de algunos de sus columnistas, como Vázquez Montalbán y Juan José Millás, ha contribuido a formar mi criterio”, confiesa esta narradora cuya carrera literaria de 18 años está avalada por siete novelas y dos libros de relatos.
La autora de El corazón helado y Los aires difíciles se suma a la nómina de escritores que cada día opinan, reflexionan, polemizan, informan, cuestionan, entretienen, crean, debaten, preguntan, reclaman y/o divierten a los lectores de este diario: Rosa Montero, Elvira Lindo, Maruja Torres, Juan José Millás, Manuel Rivas y Manuel Vicent. Aunque Grandes escribe cada dos semanas en El País Semanal, donde continuará, esta incursión como columnista de mucha actualidad es un doble reto. “Muchas veces sentía envidia de la gente que podía escribir sobre el presente más inmediato. Ahora eso también es un compromiso que me obliga a estar más informada y a realizar una especie de gimnasia literaria porque, una escritora como yo, que tiende a los formatos largos y a desbordarse, ahora tengo que ponerme un corsé: sólo debo escribir 1.840 caracteres”.
Grandes es uno de los escritores más leídos y comprometidos con la realidad española en los últimos años. “Y esta columna me llega en un momento estupendo porque en ocho semanas hay elecciones presidenciales. A este país le esperan unos meses muy intensos, y tendré la oportunidad de vivirlos con mucha intensidad y de otra manera, al poder compartir lo que pienso y comentar lo que sucede”. Para ella “la escritura es un acto ideológico, porque exige mirar el mundo y contar lo que se ve, y eso es así cuando escribes novela, poesía o artículos. Y mis columnas reflejarán de forma activa mi implicación con la realidad”. La narradora madrileña empezó su popular y exitosa carrera literaria en 1989 con Las edades de Lulú. Un debut exitoso al obtener el ya desaparecido Premio La Sonrisa Vertical. A esta novela, publicada como todas en Tusquets, le siguieron Te llamaré viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana, Los aires difíciles, Castillos de cartón y El corazón helado, además de los libros de relatos Modelos de mujer y Estaciones de paso.
Aún con el éxito fresco de El corazón helado (2007), donde rastrea parte de la historia de España y la Guerra Civil y la posguerra, Grandes está inmersa en otros dos proyectos: la escritura de una idea original para el cine y un nuevo libro de relatos.
31 de diciembre de 2007 :: Despedida
Fuente: Eduardo Mendoza, El País.
El último día de 2007 sale mi última columna y hace idónea mi despedida, que creo oportuna porque las empecé a publicar hace más de 4 años, casi sin pensar y sin prever su duración, a raíz de la muerte repentina de Manuel Vázquez Montalbán, a quien dediqué la primera y hoy dedico ésta. A pesar del tiempo transcurrido, me consta que lo sustituí pero que no lo he reemplazado: un leve consuelo para quienes todavía no nos hemos reconciliado con su desaparición.
Desde el primer día procuré no separarme de la actualidad, aunque en la elección del tema y en su tratamiento no me sentí ligado a la inminencia de los hechos ni a su jerarquía, dos aspectos que el resto del periódico ya cubre con solvencia. Siempre pensé que el columnista, si existe tal categoría, ha de dejar constancia del lento desplazamiento de las actitudes y las percepciones, un fenómeno que, a diferencia del geológico, se produce en las capas más superficiales. Una columna, en el mejor de los casos, ha de ser un impreciso sismógrafo, algo así como la previsión del tiempo: igual de falible y de científica, porque se elabora a base de mirar las nubes y ver por dónde sopla el viento. No en vano ocupa el último espacio del diario para los que lo leemos de delante a atrás.
El ejercicio semanal ha sido educativo, interesante y divertido, tal vez para una sola persona. Algunas muestras de solidaridad, no pocas divergencias y unos pocos denuestos me confirmaron que fui leído, por lo que doy las gracias. También se las doy a quienes dentro y fuera del periódico me ayudaron a remontar la escasez o la incertidumbre y a solventar enojosos problemas logísticos.
Y para no pecar de modesto, acabo mencionando dos motivos de orgullo: no haber fallado ni un lunes y no haber utilizado ni una vez el fútbol como metáfora de la vida.
Nada más. Feliz año y hasta siempre.
7 de enero de 2007 :: Hola
Fuente: Almudena GRandes, El País.
La única corona de la que me considero súbdita ferviente es la que llevan sobre la cabeza Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente. Como ellos lo saben, y saben que, aunque republicana, soy buena chica, este año me han echado una columna. Concretamente, la que estoy estrenando ahora mismo. Yo soy muy ansiosa para los regalos y tengo que estrenarlos enseguida, no vaya a ser que se evaporen antes de consolidarse. Ya sé que esta declaración no resulta elegante, pero qué le voy a hacer si ésa es mi tradición, la de la izquierda española, encadenada a gozos efímeros y pesares perpetuos, un tobogán emocional que impulsa a los Gobiernos progresistas a la pusilanimidad maquillada de prudencia que resulta fatal a medio plazo. Porque las gentes de orden conocen bien esa debilidad, y la manejan como nadie para provocar desórdenes.Es como un bucle sin fin, que no se acaba nunca.
Decidida partidaria de las alegrías de este mundo, vuelvo a sentir en la nuca un aliento rancio, que se ha hecho familiar entre nosotros a golpe de Estado o, en su defecto, de urna. Me refiero al estrepitoso jadeo de una jerarquía católica ávida de poder temporal y poco dispuesta a sufrir en este valle de lágrimas. Me sorprende que algunos se sorprendan porque, hablando de tradiciones, la simonía es tan antigua como la mortificación que los obispos españoles ya no practican para ganarse el cielo. Parece que, a base de mortificarnos, pretenden que nos lo ganemos los demás. Yo, que no aspiro a tanto, me conformaría con que el año electoral que ahora empieza nos trajera unas gotas de felicidad laica, plebeya, terrenal, tan vulgar como todos los regalos que no sabe fabricar ningún rey, ni siquiera si es mago. Con ese deseo inauguro mi primera columna acostada, como aquellas donde firmaban los poetas románticos al visitar las ruinas de los templos clásicos.
Popularidad: 1%
Te puede interesar...
