La publi de la Iglesia
Tener horario de trabajo es lo que tiene. Que los sobrinos saben a qué hora estás en casa y te pillan para ayudarles en sus tareas escolares. Y yo que lo agradezco.
El martes estuve echándole una mano a la mayor, de Primero de Bachillerato. Tenía que analizar un anuncio de la tele y compararlo con la Filosofía, o sea, llegar a la conclusión mayéutica de que apelar a los sentimientos y las emociones nada tiene que ver con cultivar el amor a la verdad y la sabiduría basándose en la razón. Y se dio cuenta enseguida. No sabe nada mi Mónica.
Además sostenía con fragor, a sus 16 años, que la publicidad busca un beneficio económico, o sea, que el público compre, gaste, se apunte al rollo molón tras identificarse con los modelos que proponen los creativos y después de conseguir convencernos de que si no consumimos lo que nos venden somos unos marginados sociales, unos raritos. Todo lo contrario que la Filosofía, una ciencia gratuita y solidaria que busca las verdades últimas con el fin de que la humanidad avance hundiendo sus raíces con firmeza en el raciocionio.
Y ustedes se preguntarán ¿qué tiene que ver todo este ladrillazo con el título de la columna? Pues casi nada, amigos. O todo.
Cuando yo estudié Teología tuve que cursar antes dos años de Filosofía para poder manejar conceptos y asentar en algún lado los conocimientos y teorías sobre Dios, la Iglesia y sus circunstancias históricas. En total una pila de años de estudios hasta conseguir el título con una nota sobresaliente. ¿Para qué? Para que luego la Conferencia Episcopal nos haga unos anuncios en los que se explica, apelando a las emociones y los sentimientos, la importancia de la Iglesia. Bueno, de poner pasta para sostenerla que, a lo que parece, es más preocupante tener estructura que llenarla de contenido. En fin, doctores tiene la Santa y Pecadora (casta et meretrix, decía la Patrística).
El menda lerenda está completamente a favor del sostenimiento de la Iglesia Católica por los católicos (que somos los que nos beneficiamos de ella, de sus templos, de sus ministros y de sus sacramentos), que me parece fenomenal el trato que han hecho Cañizares y Maria Teresa para que el Estado no suelte más parné de gañote y que seamos los católicos los que pongamos una cruz más grande y con sonido solidario (pasamos del 0,5 al 0,7) en nuestro IRPF, que me parece estupendo hacer una campaña de información para que los que andan más despistados se enteren… pero de ahí a montar unos anuncios destinados al gran público contándoles sólo una parte de la película apelando a los sentimientos… Vamos, que me parece increíble que nuestra Conferencia Episcopal saque pecho con las obras sociales que hace la Iglesia Española cuando uno acaba de llegar de Burkina Faso y se entera de que nuestros obispos han dado unos cuantos millones para construir una iglesia para ricos en el barrio más exclusivo de la capital con el fin de que los ministros, los funcionarios de la Unión Europea y los hombres de negocios limpien sus conciencias mientras el 30 por ciento de los niños están desnutridos y la gente sigue muriendo de hambre. Lo dicho, tan santa como puta. Aunque sea mi madre.
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