Estimado Jack Bauer
Estimado Jack Bauer
Sólo espero que hoy no sea uno de esos días tan complicados que tienes a veces y que puedas echarme una manita. Ojalá no estés torturando a alguien o pidiendo consejos informáticos a Cloe y puedas hacerme caso unos minutos. Tengo un trabajito para ti. Tampoco es muy complicado, después de en todos los jaleos en los que te has meitdo durante lo últimos años. Es tan sencillo como que te cojas un avión en Los Ángeles y te vengas para España. Supongo que podrás hacerlo en menos de 24 horas (todo depende de cómo se te de escapar del laberinto de la T4). En cualquier caso, te invito a que vengas por aquí. La cosa es que te tienes que acercar hasta los despachos de Antena 3 Televisión. Está en la calle Isla Graciosa de San Sebastián de los Reyes. Te dejo el código postal (28700) por si le viene bien a la base de datos de la UAT: El teléfono es 91 62 30 500. No hace falta que llames antes. Casi mejor que no des pistas y llegues de sopetón, como sueles hace tan a menudo. Bien, una vez en este sitio, preguntas por el jefe de programación. Estate atento porque a lo mejor te lo cruzas por el pasillo. Es el que tenga la cara más dura de todas. Bueno, pues preguntas por él, te acercas a su despacho y le pegas un par de hostias de mi parte. O tres. Esto lo dejo a tu elección, que eres el que sabes. El caso es que este tipo , desde ya el enemigo público número 1 para las series estadounidenses, se ha empeñado en destrozar los capítulos de los programas que compra. No tiene reparo en repetir y emitir como le sale de los cojones los capítulos de Los Simpson (cinco, seis y hasta siete veces en un año si hace falta), en quemar series como Sin rastro en apenas dos tacadas de domingo, en marear la perdiz con John Doe de madrugada, enmaltratar Boston Legal (aunque no es santo de mi devoción) y la última, joder a miles de espectadores que seguíamos tus aventuras, querido Jack. Este imbécil pasa de todo y le importa tres cojones lo que piense la audiencia. Este imbécil prefiere mantener la teletienda de madrugada y los anuncios semipornos antes de emitir una de las series de más audiencia de la televisión. Y este imbécil, con la tabla de audiencias y resultados en la mano (espero que esa sea su única excusa) se empeña en seguir comprando series extranjeras para luego destrozarlas en la maravillosa programación de Antena 3. Que se vaya a cagar, hombre. ¿No hay nadie en la cadena que le pida cuentas? ¿Por qué gastarse dinero en series que luego no va ni siquiera a emitir? Vale que programar 24 de madrugada ya era una putada, pero al menos la mayoría tenemos vídeo para poder grabarlo. Pero eliminar la serie a los ocho capítulos y negando a más de un millón de espectadores (más los que lo vemos por el vídeo) el final es un delito que no deberías dejar impune, Jack. Corre a por él y dale su merecido. Por iluminado. La pena es que la televisión española está llena de estos tipos de corbatita y culo prieto que se asustan en cuanto la cosa baja del 10% de share. Cuánto asco, por favor. Y luego lloriquean porque veamos las cosas por Internet. Si es que nos lo ponen a huevo, Jack. Nos lo ponen a huevo.
La Vanguardia
El País, ese periódico que deje de comprar hace seis meses, anuncia para el próximo fin de semana una renovación de la cosa. Lo leo en su web. Creoq ue el próximo domingo lo voy a comprar. Para ver qué tal es el anunciado lavado de cara, con maquillaje Boyero incluido. Luego, ya veremos.
Chapurreando alemán.
Hay una cosa que me repatea mucho. Y es ese bonito recurso que utilizan los best seller más casposos para creerse internacionales. O algo. La última prueba la he descubierto en ‘La ladrona de libros’, una novela que utiliza párrafos infantiloides con frases resultonas para contarnos una historia en plan La Vida es Bella, pero contada por la muerte. En fin, carne de superventas y Reyes Magos. El caso es que su autor (o el traductor) se afana por recordarnos cada dos por tres que la acción se desarrolla en Alemania. ¿Cómo lo hace? Pues incluyendo de vez en cuando frases en alemán, poniéndoselas en boca de sus protagonistas. Vamos a ver, Markus, primo, ¿pero tus personajes no son alemanes? Quiero decir, ¿no hablan tooooodo el rato en alemán? Entonces, ¿por qué esa tremenda gilipollez de poner de vez en cuando palabras en ese idioma? Lo lógico es que si hablan en alemán, lo hagan todo el rato. Vale que tú has escrito el libro en inglés, vaaaaaale. Y vale que la traducción sea en español, vaaaaale. Pero, ya nos imaginamos que hablan en alemán, o algo. No es necesario, a ver si nos enteramos, poner de vez en cuando un guten morgen para que la cosa parezca más cosmopolita. Y esto es cada vez más habitual en los best seller porque también lo he visto con el italiano en algunos libros de Dan Brown. ¿Es que el autor quiere demostrarnos que domina la lección uno de los cursos de idiomas de planeta agostini? Porque si no, no entiendo tanta chorrada, hombre ya.
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