Burkina Faso
Cuando me dijeron que tenía que ir a Burkina Faso lo primero que hice fue buscarlo en un mapa. Lo encontré casi escondido en el sahel africano, rodeado de países como Mali, Niger, Togo, Benin, Ghana y Costa de Marfil que impiden su salida al mar. De extensión no estaba mal, la mitad que España, y una población cercana a los 14 millones de habitantes. La wikipedia no anunciaba su alta tasa de analfabetismo, la escasez de recursos naturales, la dependencia de la agricultura de subsistencia y únicamente se extendía en el régimen democrático que lleva 20 años funcionando.
Los de Medicina Tropical del Hospital me metieron el miedo en el cuerpo y cuatro vacunas que se sumaban a las que aún estaban activas de mis periplos anteriores. Me recomendaron encarecidamente que hiciese la profilaxis contra la malaria y me llenaron de folletos advirtiéndome de todos los males que podría contraer en un país que, poco menos, me presentaban como la antesala del infierno.
Ouagadougou. Así se llama la capital de Burkina. Aterricé el 7 de octubre tras perder la conexión en el Charles De Gaulle y tener que quedarme día y medio en un tugurio de París gracias a la inutilidad y la mala baba de los funcionarios y trabajadores del país vecino y su aerolínea nacional: Air France.
Burkina Faso quiere decir “la tierra de los hombres íntegros” y doy fe de ello. Hacía calor, mucho calor. La época de lluvias coincide con nuestro verano y ya no caería una gota hasta junio del próximo año. Los hombres y mujeres burkinabé pertenecen a varias etnias, en el país se hablan cerca de un centenar de lenguas con el francés como idioma oficial. La mayoría son animistas, pero hay una fuerte implantación musulmana (40%) y el cristianismo tiene gran presencia en el 10% de la clase que dirige el país. La convivencia de etnias, lenguas y religiones es excelente.
En Burkina Faso, el antiguo Alto Volta, he visto que todo está por hacer y nadie está con los brazos cruzados. Las carreteras principales están asfaltadas, las ciudades tienen luz eléctrica, los profesores y los médicos del Estado cobran mensualmente su sueldo. Ya no hay mosca tsé-tsé aunque el riesgo de contraer el paludismo sigue siendo muy elevado por culpa del maldito anopheles.
Manos Unidas está desarrollando junto a los burkinabé varios proyectos de desarrollo relacionados con la mejora del rendimiento agrícola (el 90 % de la población vive en el campo), con la construcción de pequeños embalses de agua que revitalicen las comarcas, con la creación de dispensarios, maternidades y escuelas que ayuden a mejorar la calidad de vida de la población que no tiene un fácil acceso a los mismos.
Yo he ido a verlo para contarlo. Aún necesito reposar la cantidad de sensaciones acumuladas en el calor de los 40 grados a la sombra que hemos soportado, aún necesito ordenar los nombres de las ciudades, situar en su lugar a los héroes de la solidaridad, la cooperación y el desarrollo que he tenido la suerte de conocer, aún necesito volverme a convencer de que la palabra no arregla nada pero el silencio lo empeora.
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