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Los voceros en la prensa

Escrito por victorvela el 24 Septiembre 2007 – 18:09Sin comentarios

Los voceros
Leo en Colpisa que Rajoy ha “impuesto” (es el verbo, aunque la imagen de Rajoy imponiendo suena un poco a chiste) a su partido un nuevo equipo que resta protagonismo a Zaplana y Acebes. La retirada de los hermanos Dalton arroja algo de luz y seriedad a la vida política española, aunque no es cuestión de lanzar tan pronto las campanas al vuelo puesto que está demostrado que los partidos políticos necesitan de sus gorilas para que el negocio pueda seguir funcionando. Del mismo modo que las discotecas más cool requieren porteros para garantizar que ningún calcetín blanco se cuele en la sala, los partidos necesitan tipos que vigilen las puertas para que ninguna voz inconveniente se escuche en el organigrama de la cosa o en los lavabos inmundos de sus respectivas sedes. Yo quiero entrar, en tu garito con zapatillas y en ese plan. Si no fuera así, los gorilas ya se encargarán de echar por la puerta falsa a los tipos que llevan vaqueros en una fiesta supuestamente de etiqueta. Los callejones de la puerta falsa están llenos de Rosasdíez, Pimenteles, Piqueses y demás. El caso es que Rajoy dice ahora que Zaplana y Acebes deberían iniciar una cura de desintoxicación de micrófonos. No hay constancia de que en el PSOE estén preparando algo similar con Pepiño Blanco. En cualquier caso, no conviene llevarse a engaño. En realidad esta gente no son sino marionetas partidistas. Aunque las cámaras ya no tengan que hacer virguerías para iluminar el bronceado marinador de Zaplana, sus argumentos (o lo que sea) seguirán sonando, con otras voces, otras caras, en los micrófonos, y salpicando de tinta los periódicos. El nombre da igual. Poco importa si Acebes o Pepiño, si galgos o podencos porque su figura no se escribe con las mayúsculas de los nombres propios, sino que nacen de la alcantarilla de los partidos, de la fontanería fina de las ejecutivas y demás estratos organizativos. Los partidos necesitan de estas voces para sobrevivir. El truco del poli bueno poli malo es viejuno. El problema es cuando los gritos de chichinabo, cuando los insultos insulsos toman las riendas argumentales de los partidos. Y llevamos ya meses, años, así. El problema viene cuando los periodistas (yo soy así, así seguiré) seguimos apostando por el ruido y no por las nueces. Que no se preocupen Acebes y Zaplana porque su perrera seguirá teniendo micrófono. Y alguien vendrá que bueno me hará. Glups.

Radiobasura
¿Existe la radiobasura? La respuesta es sí. Y no solo por los estercoleros de las tertulias monolíticas, de argumentos unidireccionales y debates de ventrilocuos donde siempre habla el mismo con distintas voces. Eso hace meses que ya lo tenemos asumido, al menos si hacemos excursiones por la Cope o el Hora 25 de Carlos Mendo como sparring (placa, placa). La cuestión es que ahora se esparcen por las ondas voces que hasta no hace mucho estaban enjauladas entre los seguros muros del aparato de televisión. El tufillo telecinquero y tomatero no tenía cabida en un medio en el que prima palabra y donde toda esta jarca de famosuelos se encontraba fuera de su hábitat, ya que su mayor atractivo personal se suele encontrar en lo visible, no en lo pensable. O algo por el estilo. Nunca habría imaginado que Nuria Bermúdez tendría interés por lo que dice. Porque el problema de la radio (vaya problema) es que te tienes que fijar en lo que dicen, pues no hay escotes que te distraigan. Hay personas que deben pensar lo contrario, porque han abierto los micrófonos a los famosos de medio pelo, a los grandes hermanos de lo cutre, a la inane fantasía de la estupidez. Punto Radio (a la deriva) les ha abierto la puerta a todos estos seres para que María Teresa Campos pueda montar su corrillo de protagonistas. La Campos alterna contenidos más o menos serios con tertulias importadas directamente de su programa de televisión y debates descacharrantes en los que ella misma (¿a que molo?) lo mismo hace de tertuliana que de moderadora, dándose y quitándose la palabra a su antojo en esa sección llamada Apueste por una. Sin embargo, lo más triste de todos llega de madrugada. Con Reyes Monforte en el exilio, su palacio de la luna se ha convertido en un estercolero donde una tal Rosa García Caro (su mayor mérito fue participar, y sin éxito, en un Gran Hermano Vip) le da cancha a sus compañeros de concurso y demás bestias mediáticas. Después de los deportes uno puede escuchar en la radio, bien entradita la noche, a Cristina Rapado hablando de su sexualidad (de lo que es o lo que no es) o al Dioni contando su nueva vida después de lo de Prosegur. Es terrible lo bajo que puede caer un medio (la emisora de Vocento en particular) que en su día apostó por los debates inteligentes de García Campoy o la ironía (lastrada por los excesos de publicidad) de Julia Otero en plan colega con Luis del Olmo. Así les va, claro.

La interpretación del asesinato
El wow (léase guau) de la semana es para ‘La interpretación del asesinato’ un libro del que apenas he leído cien páginas y que me tiene enganchadísimo. Freud resolviendo crímenes en Nueva York. Qué cosas.

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