Carta de ajuste
Las raÃces invisibles
Los periódicos con como el manual de instrucciones del mundo. El problema es que a veces vienen escritos en algo que suena a chino, a japonés y polaco y por eso no terminas de comprenderlo. Los periódicos son un mapa que reproducen la realidad. No es la realidad, claro, sino una simulación, una representación con una escala más o menos afortunada y un nivel de detalle seguramente mejorable. Los periódicos son prismáticos que ayudan a ver lo que está lejos con un relativo grado de nitidez pero que, por fuerza, te obligan a dejar gran parte del paisaje fuera del campo de visión. Los periódicos son una delicia y un castigo matutino, la primera alegrÃa y el primer cabreo de la mañana. Son un cruasán dulce y un café amargo al mismo tiempo. Son una droga que no puedo dejar, por mucho que me lo recomiende la ex-directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regás. Los periódicos son una herramienta para comprender el mundo y un instrumento para hacerlo todavÃa más confuso. Quizá por eso me guste tanto leer periódicos. Hubo una época, hace un año, más o menos, en la que me desenganché. Pero la terapia no debió funcionar mucho porque he vuelto a recaer. Los periódicos son un espejo donde se refleja el mundo, pero que también tienen su parte opaca. La negrita de los titulares siempre presenta sombras, apenas visibles, y las letras hunden sus raÃces de tinta a una profundidad que no siempre puede verse en el papel. Las entradillas (cada vez más escasas en los periódicos) tienen un reverso que no siempre explican lo sucedido. Me doy cuenta con la información sobre esa familia de Orio (un matrimonio y su hijo de cuatro años) secuestrada por ETA hace unas semanas. Estuvieron desaparecidos durante más de dos dÃas sin que nadie de su familia denunciara el extraño suceso (yo al menos no lo he leÃdo). Estaban de vacaciones, dijeron, y nadie se percató de que en realidad no estaban en ninguna parte. ¿Te has preguntado alguna vez qué pasarÃa si desaparecieras? Si mañana ya no estuvieras. ¿Te has parado a pensar en la gente que te echarÃa de menos? ¿Cuándo se darÃan cuenta de que no estabas? ¿Cuándo volverÃan a la normalidad? ¿Cuándo dejarÃas de ser una pieza imprescindible en su mundo? Hay dÃas en los que las páginas del periódico que sujetas con ambas manos se estremecen por un relámpago de estremecimiento. Leer mola.
24 horas
Alguien deberÃa inventar en este paÃs un canal informativo 24 horas como Ted Turner manda. Quiero decir, que no se note tanto el enlatado como en CNN+ y que no plantee esa pobreza extrema de recursos que se desprende del que hace TVE. Navego por el Digital y me quedo embobado, aunque poco entienda, con la puesta en escena de las grandes cadenas informativas de otros paÃses y alucino, por ejemplo, con las conexiones en directo que se marcan los de la ultraconservadora Fox News, con las multiconexiones con corresponsales que montan en CNN o con esa megarevista de prensa que organizan a medianoche en Sky News. En BBC World se lo curran a base de reportajes sobre fondo magenta y aquÃ, en cambio, tenemos que conformarnos con unos canales 24 horas que racanean de una manera impresionante con los directos, las conexiones y que, en cambio, repiten incesantemente pieza tras pieza en bucles de media hora. Como si nada hubiera cambiado. Como si todo siguiera igual. Está pasando, no lo estás viendo.
Las sustitutas
MarÃa Guerra es la dueña de una voz titubeante que hace años ya me ponÃa nervioso en las madrugadas del fin de semana en la SER. Presentaba (o algo) el programa El cine (de lo que yo te diga) antes de que la fiebre milenarista condenara el programa a las profundidades de la noche. MarÃa Guerra ha escapado de las garras noctámbulas de la rejilla radiofónica y se ha instalado este verano en las tardes de la cadena post-Polanco. Solo puedo decir que, afortunadamente, se ha terminado el verano y por fin podré escuchar la radio por las tardes sin estar pendiente de los balbuceos, las frases sin sentido, las tertulias deshilachadas, las entrevistas que empiezan de una forma tan atropellada que parecen asaltos a golpe de micrófono. El consuelo habrÃa sido cambiar de emisora, claro, pero en Onda Cero, por ejemplo, estaba Luján Argüelles, un estilo completamente opuesto al de Guerra, pero que tampoco me mola. De la naturalidad desestructurada de Guerra habÃa que pasar al engolamiento cuadriculado de la Argüelles. Y como que tampoco va conmigo. La presentadora de La Orilla (el programa vespertino veraniego de Onda Cero) es de esas locutoras que parecen encantadas de escucharse, que mastican las palabras de una forma tan antinatural que deberÃa enseñarse en las facultades de periodismo como la antipronunciación radiofónica (otra experta en hacer esto, lo de masticar palabras, digo, es Lourdes Maldonado, en los informativos de Antena 3). El caso es que, afortunadamente, hoy regresan las titulares. Gemma Nierga en la Cadena SER y Julia Otero en Onda Cero. Si estas últimas semanas de noplaya y relax habÃa peleas por no escuchar a ninguna de los dos, a ver ahora cómo reparto los gustos, justo a la misma hora y en distinto dial. Creo que mi primera opción será por la cadena verde. Aunque solo sea por los viejos tiempos.
Carreteras secundarias
Es curioso, pero creo que cada vez conduzco más por autovÃas y autopistas, que rara vez me interno por carreteras secundarias. Creo que de un tiempo a esta parte me he acomodado, que el gps de mi barra de favoritos hace todo el trabajo y que, quizá por eso, cada vez visito menos páginas web ajenas a mis hábitos diarios. Me da rabia, porque seguro que por ahà existen páginas que están esperando a que las descubra, sitios en los que encontrarÃa contenidos atractivos, blogs que parecerÃan escritos solo para mÃ. Pero el bosque de Internet se ha convertido de un tiempo a esta parte en un jardincito domesticado que controlo sin demasiado esfuerzo. Algún dÃa deberÃa lanzarme a la aventura e internarme por esas carreteras secundarias. Se admiten sugerencias, claro.
Mark Haddon
Me gustó tanto tanto tanto ‘El curioso incidente del perro a medianoche’ que no he querido volver a leerlo (de momento) para no destrozar ese recuerdo. Ahora, en la mesita de noche que no tengo descansa el nuevo libro de su autor, Mark Haddon. El invento se llama ‘Un pequeño inconveniente’, publicado en Alfaguara y su colorista portada me sedujo desde el otro lado del escaparate de la librerÃa sin que pudiera evitarlo.
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