Remaquetemos
Con lo de las tazas de Forges estuvieron a puntito a puntito de engañarme. Les faltó la grapa de un ABC. Pero me mantuve firme en mi posición, meditada durante mucho tiempo y materializada hace un par de meses. Se acabó lo de comprar El PaÃs los domingos. Llevaba haciéndolo desde el año 1995 de forma habitual y sin fallo alguno. Todos y cada uno de los domingos compraba El PaÃs. Además, habÃa semanas que lo completaba con La Vanguardia o con El Mundo o con ABC. Hubo domingos que hasta me llevaba tres periódicos para casa. Pero hace unos meses decidà que nunca más, que se habÃa terminado, que no volverÃa a comprar un periódico el fin de semana. Tampoco a diario. De vez en cuando me engaño -es lo que tiene las drogas- y pido a hurtadillas un ABC los sábados, El Mundo los jueves, La Vanguardia los miércoles. A menudo pirateo el diario de Prisa por Internet (benditos torrents), pero se acabó lo del hábito, nunca más, nada de tirar el dinero por textos que no me interesan.
Cada vez leo menos los periódicos. Debe ser que la realidad impresa me aburre. Y es más triste todavÃa cuando uno se dedica a esta cosa de fabricar noticias. Ese hábito de leer el diario con interés y tranquilidad pasó a mejor vida. Ahora miro los titulares por encima y rara vez me sumerjo en lo que dice el texto. He descubierto que los periódicos son aburridos, tristes y glups, hasta innecesarios. Las fotos son ventanas ciegas y los textos cada vez son más rácanos con la originalidad. De vez en cuando encuentro pildoritas ricas en crónicas de corresponsales, en las páginas de Cultura o columna muy muy selectas. La velocidad de la redacción se deja sentir en cada breve escrito a toda velocidad, en los reportajes hechos made in google y en las obviedades tontas de los visitadores oficiales de exposiciones, presentaciones de libros y ruletas de prensa con los actores. Uno se imagina más al periodista que come canapés que al que pregunta a los autores por el libro, por la obra, por el cuadro, por su música.
En fin, que soy un descreÃdo. Lo pienso y me asusto, pero es lo que hay. Los periódicos cada vez son más aburridos. El pope de la Cosa Nostra (una de tantas que hay en este paÃs, en este caso Prisa) ha dicho que en septiembre la cosa cambiará. Alabado sea Cebrián. Sale este hombre de la grisura eterna de su diario y nos anuncia para el 30 de septiembre una nueva versión del periódico. Me comeré las uñas durante el verano pensando en esas innovaciones que nos tienen preparadas en Chez Polanco para la rentré del curso escolar y periodÃstico. El problema -son demasiadas remaquetaciones ya, tantas promesas vacuas- es que al final la cosa se quede en un simple lavado de cara, en un quito aquà este corondel y lo pongo aquÃ, en un poquito más de color en las fotos y más capitulares en los textos de opinión. El problema, como siempre, es que la renovación se quede en la forma y no vaya al fondo de la cosa. El problema es que El PaÃs del domingo siga siendo entrevistas con titulares falsos en la última, Juan Cruz preguntando por los padres del entrevistado, Almodóvar, Saramago y Baremboim a tutiplén, publirreportajes de vajillas y tazas con chiste, columnas sobre polÃtica con las fuentes anónimas de Gallego DÃaz, textos interminables de Vargas Llosa, pajas de Diego Manrique hechas de recortes mil veces leÃdos y aburridÃsimos artÃculos de BarberÃa sobre el PaÃs Vasco. Si hasta Elvira Lindo escribe ahora largos textos sin negrita. Que la cosa cambie a fondo, amigos de El PaÃs, porque si no, aquà seguiréis teniendo a un seguidor desanimado. El caso es que, después de todo, siento curiosidad por eso que estáis preparando. Lo que son las drogas, tú.
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