Madrugada
Creo que he descubierto el placer de la madrugada. Siempre me he considerado un tipo de hábitos diurnos, de rutinas alimentadas por los rayos del sol y el horario de los comercios, pero de un tiempo a esta parte he trastocado el reloj interno. Ahora tardo más en acostarme y retraso todo lo que puedo el momento de abrir los ojos. La culpa, me digo, es dle trabajo. No es normal llegar a casa a las diez, cenar algo rápido y marchar pronto a la cama porque al dÃa siguiente vuelve a girar la rueda. No es normal, me digo, que después de tantas horas de trabajo lo primeor que hagas sea ir a la cama, cuando hay tantas cosas durante el dÃa uqe no te ha dado tiempo ni siquiera a pensar. Entras al curro antes de las once de la mañana y a última hora de la tarde todavÃa estás allÃ. El descanso de la hora de comer es el tiempo muerto que nadie quiere, la sobremesa tramposa que te hace pensar que tienes ocio cuando en realidad lo único que haces es contar los minutos en el sofá mientras por la tele desfilan famosos de medio pelo y famosas de pelo entero. Los horarios me matan.
Asà que antes de que acaben conmigo, he decidido pelearme con ellos. Ya no me acuesto pronto. Antes mi jornada terminaba sobre la medianoche, para que el sueño me pillara entre sábanas y programas deportivos. Ahora procuro retrasarlo hasta la una de la madrugada. A esa hora todavÃa me espera la resaca de los goles, pero al menos, hasta que llega ese momento, puedo ver la serie que FOX echa esa noche, salir a dar un paseo mientras Félix Madero me da las buenas noches y los bares cierran cuando ya he dado mi último paso, puedo leer capÃtulos enteros de libros que hasta hace unos meses tenÃa olvidados y dejarme las pestañas en el último descubrimiento musical del youtube. La noche se ha convertido en territorio amigo. No es porque quisiera, es porque no me quedaba otro remedio si querÃa que el dÃa tuviera, no pido más, tres horas de ocio.
Qué ganas de que se llegue el verano, tú.
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