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8 Febrero 2012 – 14:40 | Sin Comentarios

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Interiorismo

Escrito por victorvela el 7 Marzo 2007 – 17:37Sin comentarios

Es algo ilógico, lo sé, pero no me gustan las lámparas. Las odio. Incluso podría decir, con la boca pequeña, claro, lo negaré fuera de la red, que me dan algo de miedo. Una tienda de lámparas es peor que el túnel del terror. Esos tentáculos metálicos que caen del techo, esas luces en las puntas de los dedos, esos pulpos perdidos en mitad del salón, uiiii. Las lámparas dan yuyu. Sobre todo esas lámparas decimonónicas que salen en las películas de época y en las casas de las tías abuelas. No me imagino en el sofá, un poner, tranquilamente, viendo Perdidos, por ejemplo, y que al mirar para arriba vea los brazos de una lámpara haciéndome un corte de mangas desde el techo. Mal rollo y tal. Paso de lámparas. Yo siempre he sido más de los halógenos.

Los miedos son algo irracionales, dicen que dicen. Yo suelo tener miedos y manías tontas, como la de las lámparas, lo que pasa que no se me notan mucho. Por ejemplo, los rodapiés. Me encantan los rodapiés. Los rodapiés son como los calcetines de las paredes. Uno puede imaginarse la pared vestida y sin rodapié (como un pijo con náuticos) pero ver la pared desnuda y solo en calcetines ya no mola tanto. Le quita morbo a la cosa. Quiero decir que el rodapié sin pared no tiene mucho sentido y la pared sin rodapié no tiene mucho glamour, o lo que sea.

De todo lo cual se deduce que una casa con lámparas y sin rodapiés no mola.

Seguimos con más interiorismo psicológico. Me encantan las librerías. Lo que todavía no tengo muy claro (y ya voy sumando una edad considerable para irme decidiendo) es si prefiero las que están vacías o las que están totalmente pobladas, con decenas de libros y libros, unos encima de otros. Me encantan las librerías con libros. Odio las librerías con figuritas y demás chorradinas. Por extensión, odio las figuritas y demás chorradinas. Sobre todo cuando el que ha puesto la chorradina ni siquiera sabe desde cuando está en su casa. La figurita no él, el huésped. Me estoy liando.

El problema es que cuando tú pones en una pared (desnuda) una librería (llena), pero la pared (desnuda) tiene rodapiés. En ese caso, la librería (llena) no hace tope con la pared (desnuda) porque le mancan los calcetines (o rodapié) y entonces la librería cojea. O algo. De lo cual se deduce que nunca llueve a gusto de todos, ni siquiera en el mundo psicodélico e imposible de la decoración. Conclusión: vivan las casas fantasmas que enseñan cada domingo en EPS. Ya.

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