Perdón
Esta columna es un mea culpa. Desde aquà pido perdón, todo eso y reconozco las imperfecciones. Me gustarÃa tener la nitidez y transparencia de una FM, pero me muevo por el mundo navegando en ondas medias con interferencias de emisoras árabes a medianoche. Soy incompleto como un precio en las rebajas, como una stripper sin espectadores de braguetas sueltas, como el final de un capÃtulo de Prison Break. Soy un discurso lleno de faltas, las caries de la ortografÃa dicen. Soy un bingo de número primos, impares y falta, una farola que no da sombras, una radio sin pilas, un ipod sin canciones, un periódico sin ETA, sin IVA, sin OPA y sin ZP. Soy un ordenador que se cuelga sin motivos, un colgado con la vida desordenada, un calendario sin manchas rojas, un móvil que no suena y una agenda con las direcciones cambiadas. Incompleto como un callejero atrasado, imperfecto como un polÃgono sin alcantarillas, inútil a veces como una bolsa de agua caliente en agosto.
Escribo esta columna de rodillas para pedir perdón. Me gustarÃa cambiar, porque
no es excusa lo de la imperfección. Pero en el espejo veo un poema simbolista sin manual de instrucciones, un payaso desmaquillado, un libro sin olor, una canción imposible de tararear. Una bolsa de la compra sin asas, una autopista sin lÃneas blancas, una impresora sin tinta, un escritor sin ideas, una columna sin tema, como esta. En fin. Fui yo. Y siento sentirlo.
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