No me conoces
Es que no me conoces, no tienes ni idea ni de como soy, me suelta un viernes por la noche en la barra de cualquier bar (con barra) mientras remueves con una pajita los hielos de tu bacardí limón. No sabes por lo que estoy pasando, lloriqueas desde el otro lado de tus pestañas y subida a la azotea de tu escote. Es superduro ser como soy, dices aprox. Yo me echo a reír (sorry) y tu me lo reprochas (jo). Tío, tío, tío, como te pasas. Hace cinco minutos que nos han presentado (parecen siglos, Dios), todavía no se me ha quitado el regustillo a maquillaje barato de los labios (ññññ) y ya me estás dando clases de filosofía barata. Es que no me conoces, tío, lo estoy pasando supermal, tío. Un escalofrío sacude toda mi espalda y estoy seguro de que esta tampoco será una gran noche. Pero qué vas a entender, si es más complicado de lo que parece. Claro.
Resumen: después de los exámenes de febrero (cuántos recuerdos se agolpan en mi cabeza acartonada) él (malo, malo) le dijo a ella (pobre, pobre) que si quería mambo. Ella le dijo que bueno, que vale, que de acuerdo. Él y ella salieron un fin de semana. Él rompió con ella el lunes, a primera hora, o sea, hace poco más de una semana. Maaambo. Uh. Un hijo de puta, tío, fue un hijo de puta. Vale, le digo.
Ella salió el fin de semana, o sea, hace ná, a cazar con su minifalda estrecha y su camisetita ceñida. En esto que me la presentan. Ya es mala suerte. Se me pone cara de perdiz. Soy la presa, intuyo. Glups. Hola, muacs, muacs. Le pregunto el nombre, me lo dice. Estudio empresariales, esto no se lo he preguntado. ¿Y tú? Va a hacer siete años que terminé la carrera. La frase se escapa vergonzosa de mis labios. Ya. Dice. Silencio. Bebe un poquito de bacardí limón (sorbiendo). Más silencio. Es que no me conoces, no tienes ni idea ni de como soy, me suelta un viernes por la noche en la barra de cualquier bar (con barra) mientras remueve etecé. Enarco las cejas. ¿Cómo? Que no me mires así, no tienes ni idea de cómo soy. Ya, le digo. Ya, me dice. Y yo, maleducado como nunca, me despido. Esto… me tengo que ir. Ni siquiera miro atrás. No sé como eres, tía, te lo juro, pero tampoco me importa.
Hay noches taaan raras. Y aves nocturnas, ya, ni te cuento.
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